miércoles, abril 27, 2016

ATRIA, LA NUEVA MAYORÍA, EL SERVEL Y EL RESPETO LA LEY

El abogado Fernando Atria ha escrito en relación con el "error no forzado" de la Nueva Mayoría consistente en no comparecer en la forma establecida por la ley, que la posición de la Directora del Servel sería a su juicio “manifiestamente contraria a la ley”, y que no habría atentado a la autonomía del Servicio en criticar su actuación de por eso.
 Discrepo. Y por lo mismo me parece adecuado precisar lo siguiente:
Como correctamente cita Atria, la única norma que decide este asunto es el Artículo 13 de la Ley que regula las Primarias, Nº 20.604, que establece que en el caso que varios partidos decidan resolver la nominación de alguno de sus candidatos a alcaldes por elecciones primarias, “el pacto electoral deberá formalizarse ante el Director del Servicio Electoral dentro del plazo (...) y en forma previa a las declaraciones de candidaturas de las elecciones primarias, mediante la presentación de una declaración suscrita por los presidentes y secretarios de los partidos políticos e independientes integrantes del pacto, que deberá indicar la decisión de concurrir en pacto electoral para la elección primaria, de apoyar en la elección definitiva a los candidatos que resulten nominados de este proceso" Ese plazo es, precisamente, "hasta las veinticuatro horas del sexagésimo día anterior a aquel en que deba realizarse la elección primaria"
Los verbos rectores de dicha norma son dos: una, que el pacto debe ser “formalizado” y otra, que el documento que lo informa debe ser "suscrito". La Real Academia Española define que formalizar es “Dar estructura formal a una proposición o a un discurso”. En la especie la “formalización” supone la suscripción de un documento en un plazo. Suscribir es lo “firmado al pie o al final de un escrito”, o sea, que el documento contenga un “conjunto de rasgos, realizados siempre de la misma manera, que identifican a una persona y sustituyen a su nombre y apellidos para aprobar o dar autenticidad a un documento”.
En la argumentación de Atria, un garabato a pie de página, una “mosca” o un documento suscrito por otro, bastaría para que, efectivamente, tal pacto fuera “formalizado” ante el Director del SERVEL. Pero es obvio que el problema es un poco más complejo, y éste se puede resumir en la siguiente pregunta: ¿cómo le constaría al Director del Servicio Electoral que quien suscribe el documento es efectivamente quien debe suscribirlo?
El problema es grave, pues no basta la firma de la señora Allende por si misma para representar al Partido Socialista. La formalidad de la representación es fundamental para que los actos efectuados por un representante surtan efecto en quien representa. Porque convengamos que la firma simple, sin una certificación de quien sea el supuesto signatario, no basta para acreditar que esos rasgos escritos identifiquen a una persona y sustituyan su nombre, mucho menos en un acto tan importante como este. ¿Como podría constarle al funcionario que la firma de la presidenta del PS no hubiera sido, por ejemplo, efectuada por un tercero, o incluso por alguien que quiera perjudicarlos inventando un pacto falso, o fuera objeto de una firma inexistente?
Hay tres formas posibles en este caso para validar la firma. Una de ellas es la prevista en los artículos 401 N° 10 y 425 del Código Orgánico de Tribunales en la que el Notario autoriza de firmas en un instrumento privado, el notario debe dar fe del conocimiento o identidad del firmante y presenciar cómo la firma se estampa ante él o tener una constancia personal de su autenticidad. La segunda, asumiendo que el partido Socialista operara en forma moderna, conforme a las normas establecidas en la Ley 19799, es que el atestado hubiera sido suscrito por firma electrónica por parte de su Presidente y Secretario General.
Finalmente, la última consiste en la concurrencia del Presidente y Secretario de cada uno de los partidos al SERVEL para que se certificaran las firmas, conforme a la condición de Ministro de Fe que  el artículo 66 de la Ley 18556 le otorga al Director “…en las actuaciones que las leyes les encomienden”.
Parece evidente que si la Ley le da carácter de Ministro de Fe al Director del SERVEL es, precisamente, porque éste debe velar por la veracidad de los contenidos y suscripciones que se le presentan a la vista.  La solución que Atria y la Nueva Mayoría pretenden es exigir al Servicio hacer un “acto de fe” respecto de la veracidad de los dichos de los presentes esa noche en el Servicio, cosa claramente ilegal.
En el extremo, si se concediera lo que pretende Atria, la situación sería particularmente delicada para el Director del SERVEL, pues se vería obligado en lo sucesivo como ministro de fe a validar firmas cuya existencia no le constan, lo que lo haría incurrir en una infracción administrativa grave, la cual incluso podría costarle la destitución del cargo.
En suma, el actuar de la Directoral del SERVEL ha sido correcto. Y, por cierto, todo hubiera sido mucho más sencillo si la Presidenta del Partido Socialista hubiera cumplido con la ley y hubiera comparecido donde correspondía el día y la hora que la legislación determina al efecto, en lugar de buscar interpretaciones acodadas de la ley para salvar el error.

Después de todo, como bien dice el dicho, es mejor ponerse colorado una vez que pálido toda la vida…

miércoles, marzo 23, 2016

La DC, al borde de la corniza

Complejo dilema el de la Democracia Cristiana: en su fuero interno, no tiene claridad hacia adonde ir. Porque sabe que no quiere ir a la derecha, pero sabe a su vez que tampoco es bienvenida en la izquierda.

No tiene mucho sentido que la quieran allí. La Democracia Cristiana, partido cuya declaración de principios se centra en la liberación humana por medio del concepto cristiano de la vida, conforme al cual el hombre solo puede obtener su pleno desarrollo espiritual y material, difícilmente puede tener en común, doctrinariamente hablando, algo en común con el mundo laicista y aun declaradamente marxista de la izquierda chilena. Que conste: no hay demonización en lo que expreso: solo constatación de contradicciones, y en esos términos las definiciones doctrinarias de Maritain –un tomista de aquellos que creían en la Moral Natural- y los inspiradores de la DC se asemejan más a la centro-derecha que a la izquierda.

La alianza entre democratacristianos y socialistas, y su común pertenencia a la Concertación de Partidos por la Democracia, no tendría explicación sin la presencia de 17 años de régimen militar. La DC y la izquierda construyeron en torno al tema de los derechos humanos y la oposición a Pinochet una estructura que les permitió alcanzar el poder en 1989 por la vía de las urnas, derrotando a dos rivales:al Régimen militar y a la tesis armada del Partido Comunista y Gladys Marín reflejada en la Revolución Popular de las Masas.

Llegó a este pacto concertado la DC tras años de peregrinajes en una especie de “tercera vía autónoma”, en que evidenció más insuficiencias que éxitos: ni la "Revolución en Libertad" ni la tesis del "camino propio" de Castillo Velasco pudieron cimentar el buen resultado electoral conseguido para la elección presidencial de Frei Montalva: su derrota de 1970 fue abrumadora. En efecto, la oposición a la Unidad Popular, bien sabido es, fue dirigida por la DC: Y no pocos, sino la inmensa mayoría de ella, fue partidaria del quiebre institucional de septiembre de 1973. La carta de Frei a Mariano Rumor, las declaraciones de Aylwin y cientos de antecedentes así lo avalan.

¿Por qué, tras el “accidente Pinochet” –como lo denomina Armando Uribe- se quedó la DC en la Concertación, al lado izquierdo de ladelgada línea roja? Simple: conveniencia y, por qué no decirlo, resignación política. 

La Concertación fue, durante la vida de Pinochet, la coalición política más eficiente en términos electorales que recuerde la historia de Chile. Y en ella, gracias al sistema binominal, la DC podía asegurar diputados y senadores. Y en ella, asimismo, podía mantener cuotas de poder en La Moneda, aunque en los últimos 10 años debieron resignarse con ser los “parientes pobres”, en los gobiernos de Lagos y Bachelet. Ciertamente, tal condición les generó escisiones y fisuras relevantes y perjuicio en las urnas, que evidencian hasta hoy. Por más que Walker y Jouannet intenten establecer en algún trabajo académico del 2006 un nexo intelectual entre la “nueva izquierda” y la DC, no pueden sino llegar a la conclusión que los nexos entre ambas son tan febles, que no puede descartarse la “mera coincidencia” como la fuente de alianza de ellas. Y, con honestidad, solo se explica tal pacto por el tan vilipendiado sistema electoral binominal… malditas ironías del destino.

Pero, seamos honestos, para que aquello ocurra es condición necesaria el fin del Binominal o al menos su adecuación. De lo contrario, y salvo que estuviese la DC dispuesta a pactar con la Coalición por el Cambio, la tan añorada “tercera vía” resulta impensable, y liberarse de sus “socios”, imposible. Aún al costo de seguir siendo el accionista minoritario, ese que hace pataletas en las juntas y que, en el fondo, es mirado con menosprecio por sus pares.

En ese escenario ¿qué hará la DC? ¿Seguirá su impulso natural de salirse de esta alianza con la izquierda, que al final del día le resulta ajena, de una “convergencia opositora” –pésimo nombre, por cierto, pues solo tiene sentido en la oposición y nunca en el poder- que cada vez se radicaliza más y más hacia la izquierda? ¿Patear el tablero? ¿Pactar con la centro-derecha?
Difícil dilema. Su actual directiva tiene la palabra

Algunas incomodas verdades sobre Asambleas Constituyentes.

¿Por qué creo que una asamblea constituyente sería un lamentable error? Porque, a mi juicio, contraviene la noción misma de Constituyente Originario, propia del constitucionalismo democrático moderno y pretende una innecesaria refundación nacional. Trataré de explicar por qué.

La noción de asambleísmo no es nueva.  Los “parlamentos” o “asambleas nacionales” o “constituyentes” jugaron un rol importante en las revoluciones burguesas clásicas (Inglesa del S. XVII, Francesa del S. XVIII) para derrotar el absolutismo feudal y dar paso al moderno Estado democrático. La lucha de las asambleas era contra el poder absoluto de un rey elegido por nadie, o por la divinidad como afirmaba Bodin, ese que confundía al poder del estado con la figura del Rey, graficada magistralmente en la frase de Luis XIV L'État, c'est moi 

Los asambleístas, correctamente, levantaron el principio -basado en un igualitarismo irreal- del “pueblo soberano”, compuesto por “ciudadanos absolutamente libres e iguales” y que gobierna por medio de sus “representantes”, a los que elige votando. Tal concepto genera un hecho de realidad política: al valer el voto de cada ciudadano lo mismo, su opinión política vale. Y su manifestación se produce en la votación popular. Esa es la esencia de la democracia moderna burguesa.

El constitucionalismo no se quedó en la mera formulación de la soberanía popular postrevolucionaria, defendida por Sieyes. Tras el baño de sangre provocado por la Revolución francesa evolucionó hacia el concepto de nación, que limita el rol de las constituyentes, demandando que los derechos esenciales humanos y la propia regulación constitucional limiten el derecho del pueblo a fijar nuevas constituciones por procesos que no sean de mayorías sólidas superiores a la absoluta propia del plebiscito. Por eso la supremacía constitucional, principio democrático por excelencia, se sustenta en la rigidez de las Cartas Fundamentales, y no se modifican sino tras grandes acuerdos nacionales.

Se nos intenta presentar a la asamblea Constituyente —“la forma más democrática de representación parlamentaria” según sus partidarios—como una alternativa a esa burguesa democracia representativa que nos rige. En el fondo, sincerando las cosas, no es sino una versión más acicalada, más “legítima”, de un viejo sistema restrictivo de libertades que, en los hechos, solo incrementa el poder de grupos radicalizados. 

Creo que no requerimos una refundación nacional, como ocurre cuando se convoca al constituyente originario. Tal vez ello sería atendible frente a una tiranía, en cuyo caso pudiera ser una consigna atendible, revolucionaria y transicional. Pero en una democracia, con todos sus defectos y virtudes, el asambleísmo solo podría potenciar el deterioro de instituciones legítimas. La “norma programática” a modificar por el asambleismo no son hoy las dictaduras militares, marxistas o fascistas, sino la democracia.  

Concretamente en nuestro país, el pueblo lleva veintidós años de experiencia con la democracia representativa. Con virtudes y defectos, esa democracia ha funcionado bien para Chile. Lo que esconde el asambleísmo es desconfianza y hasta odio hacia  un modelo que importa designación popular de presidentes, senadores, diputados, alcaldes, concejales e –indirectamente, claro está- de ministros, jueces, fiscales, contralores, etc. Es la consecuencia del “que se vayan todos” de los piqueteros argentinos, de tan mal recuerdo y tan penoso resultado en su lucha.

En el fondo, lo criticable del asambleísmo es pretender asimilar la crisis de popularidad de las instituciones con la ilegitimidad del sistema democrático imperante. Lo que parecieran confundir los asambleístas es el modelo de “democracia tradicional” y sus vicios o defectos, que no siendo demasiado distintos de los de las “democracias populares” soviéticas o de las dictaduras o tiranías, resultan más controlables que en aquellas. 

En Latinoamérica la Constituyente ha sido una lamentable forma de “recauchaje” de dictaduras constitucionales. Recientemente, en América Latina, hemos vivido en vivo y en directo esa experiencia con la “Constituyente soberana”  de Venezuela, de Bolivia o de Ecuador, en la que las Constituciones que surgieron fueron un retroceso desde el punto de vista de las libertades, del respeto al Estado de Derecho y de la separación de funciones. Arriagada las ha definido, con razón, como un “cesarismo plebiscitario” bastante cercano a una dictadura.

No podemos desatender que, probablemente, millones de chilenos no se sientan  entusiasmados por votar, fenómeno propio de las democracias estables y consolidadas. La solución para incentivarlos pasa por modernizar nuestra democracia, incluso por medio de cambios constitucionales, pero no por modificarla por modelos asambleístas de dudoso destino


No somos pocos los que tememos que el fin del asambleísmo sea desmantelar la criticada “democracia representativa” y reemplazarla por una “democracia popular”, de tan triste recuerdo, y de la cual María Roland exclamó antes de morir: “Libertad, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!” No me sumaré a aquello. Espero que la mayoría tampoco.

domingo, marzo 09, 2008

¿Yasnagol o autogol?

Corría el año 2006, primero del presunto e inexistente “primer tiempo” del gobierno de Bachelet. Los Pinguinos, aquellos furiosos, emplumados y encorbatados –o enjumperados, en el caso femenino- animalitos políticos que irrumpieron en la escena nacional, modificando el esquema de la luna de miel presidencial, cobraron una víctima. El Ministro Zilic, quien había llegado al cargo en base a sus múltiples e innegables méritos políticos pero en ningún caso técnicos en materia de enseñanza, fue cesado en el cargo por la Mandataria. Su reemplazo, una joven, morenita, proveniente de la primera (¿o decimoquinta?) región: Yasna Provoste.

Simpática, con buena labia, “chora” –proviene de la zona de los choreros- en el total sentido de la palabra, con buena figuración pública, la Ministra lo tenía todo. Convicción, respaldo de la Presidenta, apoyo popular. “Yasnagol”, como fue rebautizada por los medios por sus méritos futbolísticos apreciables en cuanto evento le diera popularidad al Gobierno, era carta ganadora segura para la senatorial del 2009.

Todo andaba demasiado bien. Había capeado la tempestad de sus seiscientos y pocos puntos (dijo que era como los primeros pololeos, que uno los recordaba mejores de lo que fueron), logró salirse con la suya desmontando y desarticulando al movimiento pingüino. Podría decisrse que la Presidenta incluso vió en ella a una versión Bachelet 2.0: una mujer sin mucho contenido pero con popularidad y “look” popular, una versión corregida y aumentada de sí misma.

Pero todo cambió de la noche a la mañana para Provoste… y para mal. “Yasnagol” está en la mitad del camino a la caída, igual que en el memorable libro “La hoguera de las vanidades”, en la que el conjunto de circunstancias hizo que el exitoso Sherman McCoy fuera carne tierna con la que los grupos raciales y políticos se dieron un festín- Igualmente, nuestra querida Yasna pasó de exitosa a enjuiciada.Del éxito al fracaso. De la luz a la oscuridad.

¿Cómo pasó tamaña e imprevista desgracia? La explicación es muy simple: se llama política. Los méritos no sirven en este caso, dando lo mismo si Provoste estaba o no –no lo estaba, en cualquier caso- efectuando una revolución en la enseñanza. Tampoco fueron, como vimos, los méritos los que hicieron que ella llegara al cargo ministerial. Los apoyos políticos servirán… pero no de mucho. Ya es tarde. La caída es inminente.

Se dio un inédito caso en que los dos factores para cesar en su cargo a un ministro su cumplieron: primero, la causal de acusación –bien deducida a mi juicio- es jurídicamente correcta, cosa generalmente irrelevante dado que la acusación constitucional depende de las mayorías de las cámaras. Segundo, se dan las mayorías de acusación suficientes como para revisar la permanencia de Provoste en el cargo.

La defensa que la Presidenta (¿solidaridad de mujer simpaticona que no estaba apta para el cargo?) sólo complica al Gobierno. Bachelet no hizo lo que en su tiempo sí hizo uno que sí sabía de política. Lagos dejó caer sin misericordia a su amigo personal Carlos Cruz, porque sabía que en esto no hay amigos ni solidaridades. Y así es como Cruz terminó libre y Lagos pretende reelegirse hoy. Ahora, gracias al “abrazo del oso” dado por la Presidenta, respaldando públicamente a la ministra, si cae ella se cae un pedazo del Gobierno.

Así fue como Yasna, la querida Yasna, pasó a transformarse en un nuevo autogol del gobierno. Un error no forzado, una caída más. No se si esto signifique que la oposición suba siquiera una décima en las encuestas, pero de que la polítca no tendrá el mismo ritmo luego de esta acusación, de eso no cabe duda alguna.

lunes, marzo 03, 2008

¿Qué se creen?

El terrorismo es la peor lacra social. Las FARC han asolado un hermoso país como Colombia y lo han transformado en un sitio invivible. Es cosa de preguntarle a tantos colombianos que han emigrado hacia nuestras fronteras. Pregúntentles, si pueden, cuantos parientes o amigos han caído por culpa de los "jóvenes idealistas"

En ese contexto, el enfrentamiento en el que murió el segundo personaje en importancia de la FARC parece una cosa propai de las reglas del juego en el combate antiterrorista. En él solo hay dos bandos: los que apoyan a los terroristas y los demás.

Ciertamente, Chávez (Venezuela) y Correa (Ecuador) se alinearon en contra de las víctimas y en favor de los terroristas. ¿Qué le importa a Chavez el tema si no tiene intereses comprometidos? ¿Cuál es la razón por la que, en lugar de colaborar en la lucha contra la FARC, Ecuador hace un escándalo porque el conflicto se desarrolló en sus fronteras?

Siento indignación. Pienso en las víctimas del terrorismo y no dejo de preguntarme por ellos ¿qué se creen estos tipos? ¿Hasta cuando se promueve la impunidad a los terroristas?

domingo, febrero 24, 2008

Lecciones del Festival de Viña

Lecciones del Festival de Viña

¿Puede dejar lecciones el Festival de Viña? Jaime Guzmán, que sabía mucho de opinión pública creía que sí. Iba todos los años, pues estaba convencido que era un buen barómetro del sentir popular. No dejaba de tener razón. Por eso, creo que hay que verlo y extraer e interpretar lo que la gente dice.

¿Qué se puede aprender de esta versión?

1. El populismo tiene costos. Los “animadores de kermesse”, como los ha motejado la prensa, han tratado por todos los medios de congraciarse con el público. ¿Les ha resultado? No parece ser así. El concierto de besuqueos, comentarios desatinados y discursos interminables, concesiones gratuitas a los artistas, bromas de doble sentido e hiperventilación hacen que la gente normal extrañe a gente grande –adulta en serio- como animador a cargo de un evento adulto.

2. Definitivamente Piñera no va a ser Presidente de Chile. Lo doy firmado, a año y medio de las elecciones. Es evidente que la gente no lo quiere. No me refiero solo a la rechifla generalizada cuando Kramer, imitándolo, señaló sus intenciones. Lo que pasa, y se notó en la reacción popular, es que la gente no le cree su "pura" vocación de servicio público

3. Muchos políticos han aprendido de Rocío Marengo que da lo mismo lo que se haga para figurar, lo importante es figurar. ¿O Navarro, Girardi, Avila y compañía son una cosa muy distinta de aquello? Todo vale por un pantallazo. Pegarle a un carabinero o a una reina ¿qué más da? Koala, Koala, Yaaa

4. Aún la calidad recibe premio. No obstante el marketing, Six Pack es solo un grupo de niñitos lindos que no cantan ni bailan. En cambio, Amango son chicos talentosos. Unos fueron premiados por el público. Otros sufrieron el escarnio de ser ignorados. Unos tuvieron que sufrir y otros disfrutaron en el escenario. ¡Qué distinto es tener talento y no tenerlo!

5. El concurso de reina del Festival ha derivado en lo mismo que se ha transformado nuestra televisión; en un mecanismo tribal tendiente a desatar las más bajas pasiones masculinas. ¡Uqé verguenza las reacciones de periodistas, profesionales universitarios, berreando por una chica en ropa interior! ¿Qué falta? ¿Que una “candidata” fornique en público con un periodista en el tristemente célebre “minuto feliz”? Lejos está esto de la prestancia y glamour de antaño. Me pregunto si hoy Bolocc, Tonka o Pampita se sentirán muy orgullosas de poseer el título de reina de viña.

6. La sobreexposición mata. ¿Es posible que Luchito Jara aparezca mañana, tarde y noche (literalmente) en UCTV? ¿No hay otro animador? Si vuelvo a escuchar de nuevo la broma del pan con mantequilla no veré más canal 13: lo prometo.

7. No es novedad: pero el Festival salva a los gobiernos que hacen agua. ¿O no, señora Provoste? Consejo para el gobierno: la próxima vez que implementen un Transantigo, háganlo la penúltima semana de febrero... con eso salvan de cualquier reacción.

lunes, febrero 18, 2008

Pictures of The Cure

Gracias a Dios existe Febrero, mes que permite escribir de cosas relajadas y de mi agrado. Una de ellas, la que quiero compartir, me acompaña desde varios años: The Cure.

Es cierto: es una banda rara. No es común que se mantengan sin disolverse durante 32 años, que todavía llena estadios y que ha vendido cerca de 27 millones de discos, pese a que como dice Smith, ”nosotros vendemos bastantes discos (y) nuestra compañía discográfica no tiene muy claro porqué se venden.” Algo ha de tener. Aquí viene mi explicación de qué es lo que es ese “algo”

The Cure es un grupo contracorriente. No es pop; no es rock. No es propiamente dark ni son Góticos: son más bien sus Padrinos o, peor, sus abuelos (el propio Smith señala ser “la banda pop que los góticos se permiten escuchar); no es punk, pese a que en sus comienzos temas como “Killing an Arab” y “10:15 at Saturday Night” insinúan una cierta orientación en tal sentido. Su estilo es único. Tal vez se comprende aquello, de alguna manera, en su nombre: pretendían, ya desde sus orígenes, ser una “cura” frente a los excesos y luces de los Rod Steward, los Queen, y tantas bandas pop de aquellos años que deslumbraban con un falso brillo.

De ahí la brillante opacidad de los Cure. Es imposible no escuchar una canción de ellos y no reconocerlos. Eso es lo que uno puede denominar “estilo propio”: no como tantos que se repiten y autoplagian todo el tiempo. No, Smith y los Cure han desarrollado un producto único, inimitable –muchos lo han intentado- y auténtico, que se adapta a los tiempos y evoluciona. Que se ha transformado en una especie de bitácora de vida de Smith. Y que quienes los seguimos hace años la sentimos como propia.

A lo largo de 20 extraordinarios álbumes, The Cure lo han hecho todo en su propio e inconfundible estilo. La banda ha pasado la mayor parte de su carrera creando y explorando en los extraños lugares donde los mundos de la música popular y lo alternativo entran en conflicto. Han desarrollado un abanico de sonidos y estilos único y característico. En dicho proceso han creado un patrimonio de genial música contemporánea.

Una muestra de ella es mi favorita: “Pictures of You”. ¿Puede haber algo más sentido que "If only I'd thought of the right words /I could have held on to your heart/If only I'd thought of the right words/I wouldn't be breaking apart all my pictures of you."? La voz de Smith suena melancólica y desgarradoramente emotiva cuando dice que "There was nothing in the world/That I ever wanted more/ Than to feel you deep in my heart/ There was nothing in the world/That I ever wanted more/ Than to never feel the breaking apart all my pictures of you"

¿Demasiada melancolía? Puede ser. Pero todos tenemos nuestros cuartos de hora. Poder asumir dicho lado oscuro, sin embriagarse con él y sin renegar de él tampoco es señal de madurez. EL propio Smith asume la vida en dicho sentido: “no puedes mostrar tu lado melancólico cuando enfrentas a un abogado”, dice razonablemente.
Saber siempre dónde uno está parado es una virtud que se refleja en los detalles: Smith, por ejemplo, dice que “cada título de "Seventeen Seconds" es una pequeña historia de Kafka. Pero entonces nosotros no éramos nadie así que no pensé que nadie se molestara en demandarnos”. De más está decir que no se caracterizan por abusar de las entrevistas, pero las usan como elemento de merchandising. Y se asumen como producto.

Esa autenticidad es el sello de los Cure. La que lleva a Smith a afirmar que “me molesta ver a gente ya muy vieja haciendo música contemporánea. Todavía no alcancé ese estadio de persona vieja en el escenario. Cuando no me pueda parar y cantar por 3 horas, entonces es probablemente la hora de sentarme y comenzar a hacer música para películas.” Ojalá falten varios años -y albumes- para eso.

viernes, febrero 15, 2008

Sanz, Chávez y la libertad de expresión de las dictaduras de izquierda

Un estadounidense y un cubano se empeñaban en mostrar su patria como el lugar más idóneo de respeto a dicha garantía. El estadounidense decía “cuando quiero, voy a la Casa Blanca, pido audiencia con Bush, me reuno con Bush y le digo lo que quiero de Bush.” El Cubano respondió diciendo “Cuando quiero pido audiencia con Fidel en La Habana, me reúno con Fidel, me dejan hablar con Fidel y le digo todo lo que quiero de Bush”

Lo comento a raíz de que Alejandro Sanz debió haber cantado en Venezuela para el día de los enamorados. Sin embargo, en una nueva demostración respecto de su posición sobre la libertad de expresión, el “libertador” Hugo Chávez ha prohibido la realización de dicho concierto.

Que no se me malinterprete: soy poco objetivo. Me gusta Alejandro Sanz. Si bien canta horrorosamente mal, es un gran compositor, hace sus propios arreglos, sus canciones son musicalmente muy buenas y completas y entrega un producto de calidad. Como los lectores saben, no soporto a Hugo Chávez. Su dictadura populista, violaciones a derechos esenciales incluidas, han transformado a Venezuela, de un país inmensamente rico a un muy mal lugar para vivir. Así me lo han comentado los venezolanos que conozco, los chilenos que han ido ultimamente, y así lo he apreciado por los medios de comunicación

¿Cuál fue el pecado del español? Afirmar que “no le gusta” el tirano venezolano, grave afrenta para el ego de un dictador. Claro, debemos agregar que dichas declaraciones coincidieron con el momento en que se estaban recogiendo firmas para solicitar el referéndum revocatorio del presidente venezolano, circunstancia que el cantante español aprovechó para golpear a Chávez donde más le duele: en su orgullo. “A mí, si me dieran tres millones de firmas para que dejara de cantar, dejaría de cantar de inmediato”, afirmó el cantante.

Pero no siempre el que canta mejor es el que canta más fuerte. En noviembre de 2007 Chávez “pasó la cuenta” y prohibió realizar una actividad en un estadio público, donde sí se autorizó a actuar a Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina –más proclives a la dictadura chavista- pues en ella actuaba Sanz. El Poliedro, lugar donde se realizaría la actividad, es, si no el único, uno de los pocos lugares en Caracas donde se pueden realizar eventos masivos de más de 15.000 personas.

En Febrero, anticipándose a la llegada de Sanz, las marionetas chavistas reunidas en el Consejo Municipal de Caracas lo declararon como "persona non grata" por sus reiteradas críticas al tirano venezolano. El Consejo pidió a las autoridades prohibir la realización del recital, y la eficaz dictadura autoritaria procesó con celeridad la “espontanea” petición, y negó nuevamente el centro de eventos, a lo que la productora Evenpro, organizadora del evento, señaló que el recital se canceló "por no contar con las condiciones apropiadas". A buen entendedor…

En síntesis: el arte, la libertad de expresión y la izquierda son enteramente compatibles… cuando el artista es de izquierda y apoya causas de izquierdas.