Corría el año 2006, primero del presunto e inexistente “primer tiempo” del gobierno de Bachelet. Los Pinguinos, aquellos furiosos, emplumados y encorbatados –o enjumperados, en el caso femenino- animalitos políticos que irrumpieron en la escena nacional, modificando el esquema de la luna de miel presidencial, cobraron una víctima. El Ministro Zilic, quien había llegado al cargo en base a sus múltiples e innegables méritos políticos pero en ningún caso técnicos en materia de enseñanza, fue cesado en el cargo por la Mandataria. Su reemplazo, una joven, morenita, proveniente de la primera (¿o decimoquinta?) región: Yasna Provoste.
Simpática, con buena labia, “chora” –proviene de la zona de los choreros- en el total sentido de la palabra, con buena figuración pública, la Ministra lo tenía todo. Convicción, respaldo de la Presidenta, apoyo popular. “Yasnagol”, como fue rebautizada por los medios por sus méritos futbolísticos apreciables en cuanto evento le diera popularidad al Gobierno, era carta ganadora segura para la senatorial del 2009.
Todo andaba demasiado bien. Había capeado la tempestad de sus seiscientos y pocos puntos (dijo que era como los primeros pololeos, que uno los recordaba mejores de lo que fueron), logró salirse con la suya desmontando y desarticulando al movimiento pingüino. Podría decisrse que la Presidenta incluso vió en ella a una versión Bachelet 2.0: una mujer sin mucho contenido pero con popularidad y “look” popular, una versión corregida y aumentada de sí misma.
Pero todo cambió de la noche a la mañana para Provoste… y para mal. “Yasnagol” está en la mitad del camino a la caída, igual que en el memorable libro “La hoguera de las vanidades”, en la que el conjunto de circunstancias hizo que el exitoso Sherman McCoy fuera carne tierna con la que los grupos raciales y políticos se dieron un festín- Igualmente, nuestra querida Yasna pasó de exitosa a enjuiciada.Del éxito al fracaso. De la luz a la oscuridad.
¿Cómo pasó tamaña e imprevista desgracia? La explicación es muy simple: se llama política. Los méritos no sirven en este caso, dando lo mismo si Provoste estaba o no –no lo estaba, en cualquier caso- efectuando una revolución en la enseñanza. Tampoco fueron, como vimos, los méritos los que hicieron que ella llegara al cargo ministerial. Los apoyos políticos servirán… pero no de mucho. Ya es tarde. La caída es inminente.
Se dio un inédito caso en que los dos factores para cesar en su cargo a un ministro su cumplieron: primero, la causal de acusación –bien deducida a mi juicio- es jurídicamente correcta, cosa generalmente irrelevante dado que la acusación constitucional depende de las mayorías de las cámaras. Segundo, se dan las mayorías de acusación suficientes como para revisar la permanencia de Provoste en el cargo.
La defensa que la Presidenta (¿solidaridad de mujer simpaticona que no estaba apta para el cargo?) sólo complica al Gobierno. Bachelet no hizo lo que en su tiempo sí hizo uno que sí sabía de política. Lagos dejó caer sin misericordia a su amigo personal Carlos Cruz, porque sabía que en esto no hay amigos ni solidaridades. Y así es como Cruz terminó libre y Lagos pretende reelegirse hoy. Ahora, gracias al “abrazo del oso” dado por la Presidenta, respaldando públicamente a la ministra, si cae ella se cae un pedazo del Gobierno.
Así fue como Yasna, la querida Yasna, pasó a transformarse en un nuevo autogol del gobierno. Un error no forzado, una caída más. No se si esto signifique que la oposición suba siquiera una décima en las encuestas, pero de que la polítca no tendrá el mismo ritmo luego de esta acusación, de eso no cabe duda alguna.
domingo, marzo 09, 2008
lunes, marzo 03, 2008
¿Qué se creen?
El terrorismo es la peor lacra social. Las FARC han asolado un hermoso país como Colombia y lo han transformado en un sitio invivible. Es cosa de preguntarle a tantos colombianos que han emigrado hacia nuestras fronteras. Pregúntentles, si pueden, cuantos parientes o amigos han caído por culpa de los "jóvenes idealistas"
En ese contexto, el enfrentamiento en el que murió el segundo personaje en importancia de la FARC parece una cosa propai de las reglas del juego en el combate antiterrorista. En él solo hay dos bandos: los que apoyan a los terroristas y los demás.
Ciertamente, Chávez (Venezuela) y Correa (Ecuador) se alinearon en contra de las víctimas y en favor de los terroristas. ¿Qué le importa a Chavez el tema si no tiene intereses comprometidos? ¿Cuál es la razón por la que, en lugar de colaborar en la lucha contra la FARC, Ecuador hace un escándalo porque el conflicto se desarrolló en sus fronteras?
Siento indignación. Pienso en las víctimas del terrorismo y no dejo de preguntarme por ellos ¿qué se creen estos tipos? ¿Hasta cuando se promueve la impunidad a los terroristas?
En ese contexto, el enfrentamiento en el que murió el segundo personaje en importancia de la FARC parece una cosa propai de las reglas del juego en el combate antiterrorista. En él solo hay dos bandos: los que apoyan a los terroristas y los demás.
Ciertamente, Chávez (Venezuela) y Correa (Ecuador) se alinearon en contra de las víctimas y en favor de los terroristas. ¿Qué le importa a Chavez el tema si no tiene intereses comprometidos? ¿Cuál es la razón por la que, en lugar de colaborar en la lucha contra la FARC, Ecuador hace un escándalo porque el conflicto se desarrolló en sus fronteras?
Siento indignación. Pienso en las víctimas del terrorismo y no dejo de preguntarme por ellos ¿qué se creen estos tipos? ¿Hasta cuando se promueve la impunidad a los terroristas?
domingo, febrero 24, 2008
Lecciones del Festival de Viña
Lecciones del Festival de Viña
¿Puede dejar lecciones el Festival de Viña? Jaime Guzmán, que sabía mucho de opinión pública creía que sí. Iba todos los años, pues estaba convencido que era un buen barómetro del sentir popular. No dejaba de tener razón. Por eso, creo que hay que verlo y extraer e interpretar lo que la gente dice.
¿Qué se puede aprender de esta versión?
1. El populismo tiene costos. Los “animadores de kermesse”, como los ha motejado la prensa, han tratado por todos los medios de congraciarse con el público. ¿Les ha resultado? No parece ser así. El concierto de besuqueos, comentarios desatinados y discursos interminables, concesiones gratuitas a los artistas, bromas de doble sentido e hiperventilación hacen que la gente normal extrañe a gente grande –adulta en serio- como animador a cargo de un evento adulto.
2. Definitivamente Piñera no va a ser Presidente de Chile. Lo doy firmado, a año y medio de las elecciones. Es evidente que la gente no lo quiere. No me refiero solo a la rechifla generalizada cuando Kramer, imitándolo, señaló sus intenciones. Lo que pasa, y se notó en la reacción popular, es que la gente no le cree su "pura" vocación de servicio público
3. Muchos políticos han aprendido de Rocío Marengo que da lo mismo lo que se haga para figurar, lo importante es figurar. ¿O Navarro, Girardi, Avila y compañía son una cosa muy distinta de aquello? Todo vale por un pantallazo. Pegarle a un carabinero o a una reina ¿qué más da? Koala, Koala, Yaaa
4. Aún la calidad recibe premio. No obstante el marketing, Six Pack es solo un grupo de niñitos lindos que no cantan ni bailan. En cambio, Amango son chicos talentosos. Unos fueron premiados por el público. Otros sufrieron el escarnio de ser ignorados. Unos tuvieron que sufrir y otros disfrutaron en el escenario. ¡Qué distinto es tener talento y no tenerlo!
5. El concurso de reina del Festival ha derivado en lo mismo que se ha transformado nuestra televisión; en un mecanismo tribal tendiente a desatar las más bajas pasiones masculinas. ¡Uqé verguenza las reacciones de periodistas, profesionales universitarios, berreando por una chica en ropa interior! ¿Qué falta? ¿Que una “candidata” fornique en público con un periodista en el tristemente célebre “minuto feliz”? Lejos está esto de la prestancia y glamour de antaño. Me pregunto si hoy Bolocc, Tonka o Pampita se sentirán muy orgullosas de poseer el título de reina de viña.
6. La sobreexposición mata. ¿Es posible que Luchito Jara aparezca mañana, tarde y noche (literalmente) en UCTV? ¿No hay otro animador? Si vuelvo a escuchar de nuevo la broma del pan con mantequilla no veré más canal 13: lo prometo.
7. No es novedad: pero el Festival salva a los gobiernos que hacen agua. ¿O no, señora Provoste? Consejo para el gobierno: la próxima vez que implementen un Transantigo, háganlo la penúltima semana de febrero... con eso salvan de cualquier reacción.
¿Puede dejar lecciones el Festival de Viña? Jaime Guzmán, que sabía mucho de opinión pública creía que sí. Iba todos los años, pues estaba convencido que era un buen barómetro del sentir popular. No dejaba de tener razón. Por eso, creo que hay que verlo y extraer e interpretar lo que la gente dice.
¿Qué se puede aprender de esta versión?
1. El populismo tiene costos. Los “animadores de kermesse”, como los ha motejado la prensa, han tratado por todos los medios de congraciarse con el público. ¿Les ha resultado? No parece ser así. El concierto de besuqueos, comentarios desatinados y discursos interminables, concesiones gratuitas a los artistas, bromas de doble sentido e hiperventilación hacen que la gente normal extrañe a gente grande –adulta en serio- como animador a cargo de un evento adulto.
2. Definitivamente Piñera no va a ser Presidente de Chile. Lo doy firmado, a año y medio de las elecciones. Es evidente que la gente no lo quiere. No me refiero solo a la rechifla generalizada cuando Kramer, imitándolo, señaló sus intenciones. Lo que pasa, y se notó en la reacción popular, es que la gente no le cree su "pura" vocación de servicio público
3. Muchos políticos han aprendido de Rocío Marengo que da lo mismo lo que se haga para figurar, lo importante es figurar. ¿O Navarro, Girardi, Avila y compañía son una cosa muy distinta de aquello? Todo vale por un pantallazo. Pegarle a un carabinero o a una reina ¿qué más da? Koala, Koala, Yaaa
4. Aún la calidad recibe premio. No obstante el marketing, Six Pack es solo un grupo de niñitos lindos que no cantan ni bailan. En cambio, Amango son chicos talentosos. Unos fueron premiados por el público. Otros sufrieron el escarnio de ser ignorados. Unos tuvieron que sufrir y otros disfrutaron en el escenario. ¡Qué distinto es tener talento y no tenerlo!
5. El concurso de reina del Festival ha derivado en lo mismo que se ha transformado nuestra televisión; en un mecanismo tribal tendiente a desatar las más bajas pasiones masculinas. ¡Uqé verguenza las reacciones de periodistas, profesionales universitarios, berreando por una chica en ropa interior! ¿Qué falta? ¿Que una “candidata” fornique en público con un periodista en el tristemente célebre “minuto feliz”? Lejos está esto de la prestancia y glamour de antaño. Me pregunto si hoy Bolocc, Tonka o Pampita se sentirán muy orgullosas de poseer el título de reina de viña.
6. La sobreexposición mata. ¿Es posible que Luchito Jara aparezca mañana, tarde y noche (literalmente) en UCTV? ¿No hay otro animador? Si vuelvo a escuchar de nuevo la broma del pan con mantequilla no veré más canal 13: lo prometo.
7. No es novedad: pero el Festival salva a los gobiernos que hacen agua. ¿O no, señora Provoste? Consejo para el gobierno: la próxima vez que implementen un Transantigo, háganlo la penúltima semana de febrero... con eso salvan de cualquier reacción.
lunes, febrero 18, 2008
Pictures of The Cure
Gracias a Dios existe Febrero, mes que permite escribir de cosas relajadas y de mi agrado. Una de ellas, la que quiero compartir, me acompaña desde varios años: The Cure.
Es cierto: es una banda rara. No es común que se mantengan sin disolverse durante 32 años, que todavía llena estadios y que ha vendido cerca de 27 millones de discos, pese a que como dice Smith, ”nosotros vendemos bastantes discos (y) nuestra compañía discográfica no tiene muy claro porqué se venden.” Algo ha de tener. Aquí viene mi explicación de qué es lo que es ese “algo”
The Cure es un grupo contracorriente. No es pop; no es rock. No es propiamente dark ni son Góticos: son más bien sus Padrinos o, peor, sus abuelos (el propio Smith señala ser “la banda pop que los góticos se permiten escuchar); no es punk, pese a que en sus comienzos temas como “Killing an Arab” y “10:15 at Saturday Night” insinúan una cierta orientación en tal sentido. Su estilo es único. Tal vez se comprende aquello, de alguna manera, en su nombre: pretendían, ya desde sus orígenes, ser una “cura” frente a los excesos y luces de los Rod Steward, los Queen, y tantas bandas pop de aquellos años que deslumbraban con un falso brillo.
De ahí la brillante opacidad de los Cure. Es imposible no escuchar una canción de ellos y no reconocerlos. Eso es lo que uno puede denominar “estilo propio”: no como tantos que se repiten y autoplagian todo el tiempo. No, Smith y los Cure han desarrollado un producto único, inimitable –muchos lo han intentado- y auténtico, que se adapta a los tiempos y evoluciona. Que se ha transformado en una especie de bitácora de vida de Smith. Y que quienes los seguimos hace años la sentimos como propia.
A lo largo de 20 extraordinarios álbumes, The Cure lo han hecho todo en su propio e inconfundible estilo. La banda ha pasado la mayor parte de su carrera creando y explorando en los extraños lugares donde los mundos de la música popular y lo alternativo entran en conflicto. Han desarrollado un abanico de sonidos y estilos único y característico. En dicho proceso han creado un patrimonio de genial música contemporánea.
Una muestra de ella es mi favorita: “Pictures of You”. ¿Puede haber algo más sentido que "If only I'd thought of the right words /I could have held on to your heart/If only I'd thought of the right words/I wouldn't be breaking apart all my pictures of you."? La voz de Smith suena melancólica y desgarradoramente emotiva cuando dice que "There was nothing in the world/That I ever wanted more/ Than to feel you deep in my heart/ There was nothing in the world/That I ever wanted more/ Than to never feel the breaking apart all my pictures of you"
¿Demasiada melancolía? Puede ser. Pero todos tenemos nuestros cuartos de hora. Poder asumir dicho lado oscuro, sin embriagarse con él y sin renegar de él tampoco es señal de madurez. EL propio Smith asume la vida en dicho sentido: “no puedes mostrar tu lado melancólico cuando enfrentas a un abogado”, dice razonablemente.
Saber siempre dónde uno está parado es una virtud que se refleja en los detalles: Smith, por ejemplo, dice que “cada título de "Seventeen Seconds" es una pequeña historia de Kafka. Pero entonces nosotros no éramos nadie así que no pensé que nadie se molestara en demandarnos”. De más está decir que no se caracterizan por abusar de las entrevistas, pero las usan como elemento de merchandising. Y se asumen como producto.
Esa autenticidad es el sello de los Cure. La que lleva a Smith a afirmar que “me molesta ver a gente ya muy vieja haciendo música contemporánea. Todavía no alcancé ese estadio de persona vieja en el escenario. Cuando no me pueda parar y cantar por 3 horas, entonces es probablemente la hora de sentarme y comenzar a hacer música para películas.” Ojalá falten varios años -y albumes- para eso.
Es cierto: es una banda rara. No es común que se mantengan sin disolverse durante 32 años, que todavía llena estadios y que ha vendido cerca de 27 millones de discos, pese a que como dice Smith, ”nosotros vendemos bastantes discos (y) nuestra compañía discográfica no tiene muy claro porqué se venden.” Algo ha de tener. Aquí viene mi explicación de qué es lo que es ese “algo”
The Cure es un grupo contracorriente. No es pop; no es rock. No es propiamente dark ni son Góticos: son más bien sus Padrinos o, peor, sus abuelos (el propio Smith señala ser “la banda pop que los góticos se permiten escuchar); no es punk, pese a que en sus comienzos temas como “Killing an Arab” y “10:15 at Saturday Night” insinúan una cierta orientación en tal sentido. Su estilo es único. Tal vez se comprende aquello, de alguna manera, en su nombre: pretendían, ya desde sus orígenes, ser una “cura” frente a los excesos y luces de los Rod Steward, los Queen, y tantas bandas pop de aquellos años que deslumbraban con un falso brillo.
De ahí la brillante opacidad de los Cure. Es imposible no escuchar una canción de ellos y no reconocerlos. Eso es lo que uno puede denominar “estilo propio”: no como tantos que se repiten y autoplagian todo el tiempo. No, Smith y los Cure han desarrollado un producto único, inimitable –muchos lo han intentado- y auténtico, que se adapta a los tiempos y evoluciona. Que se ha transformado en una especie de bitácora de vida de Smith. Y que quienes los seguimos hace años la sentimos como propia.
A lo largo de 20 extraordinarios álbumes, The Cure lo han hecho todo en su propio e inconfundible estilo. La banda ha pasado la mayor parte de su carrera creando y explorando en los extraños lugares donde los mundos de la música popular y lo alternativo entran en conflicto. Han desarrollado un abanico de sonidos y estilos único y característico. En dicho proceso han creado un patrimonio de genial música contemporánea.
Una muestra de ella es mi favorita: “Pictures of You”. ¿Puede haber algo más sentido que "If only I'd thought of the right words /I could have held on to your heart/If only I'd thought of the right words/I wouldn't be breaking apart all my pictures of you."? La voz de Smith suena melancólica y desgarradoramente emotiva cuando dice que "There was nothing in the world/That I ever wanted more/ Than to feel you deep in my heart/ There was nothing in the world/That I ever wanted more/ Than to never feel the breaking apart all my pictures of you"
¿Demasiada melancolía? Puede ser. Pero todos tenemos nuestros cuartos de hora. Poder asumir dicho lado oscuro, sin embriagarse con él y sin renegar de él tampoco es señal de madurez. EL propio Smith asume la vida en dicho sentido: “no puedes mostrar tu lado melancólico cuando enfrentas a un abogado”, dice razonablemente.
Saber siempre dónde uno está parado es una virtud que se refleja en los detalles: Smith, por ejemplo, dice que “cada título de "Seventeen Seconds" es una pequeña historia de Kafka. Pero entonces nosotros no éramos nadie así que no pensé que nadie se molestara en demandarnos”. De más está decir que no se caracterizan por abusar de las entrevistas, pero las usan como elemento de merchandising. Y se asumen como producto.
Esa autenticidad es el sello de los Cure. La que lleva a Smith a afirmar que “me molesta ver a gente ya muy vieja haciendo música contemporánea. Todavía no alcancé ese estadio de persona vieja en el escenario. Cuando no me pueda parar y cantar por 3 horas, entonces es probablemente la hora de sentarme y comenzar a hacer música para películas.” Ojalá falten varios años -y albumes- para eso.
viernes, febrero 15, 2008
Sanz, Chávez y la libertad de expresión de las dictaduras de izquierda
Un estadounidense y un cubano se empeñaban en mostrar su patria como el lugar más idóneo de respeto a dicha garantía. El estadounidense decía “cuando quiero, voy a la Casa Blanca, pido audiencia con Bush, me reuno con Bush y le digo lo que quiero de Bush.” El Cubano respondió diciendo “Cuando quiero pido audiencia con Fidel en La Habana, me reúno con Fidel, me dejan hablar con Fidel y le digo todo lo que quiero de Bush”
Lo comento a raíz de que Alejandro Sanz debió haber cantado en Venezuela para el día de los enamorados. Sin embargo, en una nueva demostración respecto de su posición sobre la libertad de expresión, el “libertador” Hugo Chávez ha prohibido la realización de dicho concierto.
Que no se me malinterprete: soy poco objetivo. Me gusta Alejandro Sanz. Si bien canta horrorosamente mal, es un gran compositor, hace sus propios arreglos, sus canciones son musicalmente muy buenas y completas y entrega un producto de calidad. Como los lectores saben, no soporto a Hugo Chávez. Su dictadura populista, violaciones a derechos esenciales incluidas, han transformado a Venezuela, de un país inmensamente rico a un muy mal lugar para vivir. Así me lo han comentado los venezolanos que conozco, los chilenos que han ido ultimamente, y así lo he apreciado por los medios de comunicación
¿Cuál fue el pecado del español? Afirmar que “no le gusta” el tirano venezolano, grave afrenta para el ego de un dictador. Claro, debemos agregar que dichas declaraciones coincidieron con el momento en que se estaban recogiendo firmas para solicitar el referéndum revocatorio del presidente venezolano, circunstancia que el cantante español aprovechó para golpear a Chávez donde más le duele: en su orgullo. “A mí, si me dieran tres millones de firmas para que dejara de cantar, dejaría de cantar de inmediato”, afirmó el cantante.
Pero no siempre el que canta mejor es el que canta más fuerte. En noviembre de 2007 Chávez “pasó la cuenta” y prohibió realizar una actividad en un estadio público, donde sí se autorizó a actuar a Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina –más proclives a la dictadura chavista- pues en ella actuaba Sanz. El Poliedro, lugar donde se realizaría la actividad, es, si no el único, uno de los pocos lugares en Caracas donde se pueden realizar eventos masivos de más de 15.000 personas.
En Febrero, anticipándose a la llegada de Sanz, las marionetas chavistas reunidas en el Consejo Municipal de Caracas lo declararon como "persona non grata" por sus reiteradas críticas al tirano venezolano. El Consejo pidió a las autoridades prohibir la realización del recital, y la eficaz dictadura autoritaria procesó con celeridad la “espontanea” petición, y negó nuevamente el centro de eventos, a lo que la productora Evenpro, organizadora del evento, señaló que el recital se canceló "por no contar con las condiciones apropiadas". A buen entendedor…
En síntesis: el arte, la libertad de expresión y la izquierda son enteramente compatibles… cuando el artista es de izquierda y apoya causas de izquierdas.
Lo comento a raíz de que Alejandro Sanz debió haber cantado en Venezuela para el día de los enamorados. Sin embargo, en una nueva demostración respecto de su posición sobre la libertad de expresión, el “libertador” Hugo Chávez ha prohibido la realización de dicho concierto.
Que no se me malinterprete: soy poco objetivo. Me gusta Alejandro Sanz. Si bien canta horrorosamente mal, es un gran compositor, hace sus propios arreglos, sus canciones son musicalmente muy buenas y completas y entrega un producto de calidad. Como los lectores saben, no soporto a Hugo Chávez. Su dictadura populista, violaciones a derechos esenciales incluidas, han transformado a Venezuela, de un país inmensamente rico a un muy mal lugar para vivir. Así me lo han comentado los venezolanos que conozco, los chilenos que han ido ultimamente, y así lo he apreciado por los medios de comunicación
¿Cuál fue el pecado del español? Afirmar que “no le gusta” el tirano venezolano, grave afrenta para el ego de un dictador. Claro, debemos agregar que dichas declaraciones coincidieron con el momento en que se estaban recogiendo firmas para solicitar el referéndum revocatorio del presidente venezolano, circunstancia que el cantante español aprovechó para golpear a Chávez donde más le duele: en su orgullo. “A mí, si me dieran tres millones de firmas para que dejara de cantar, dejaría de cantar de inmediato”, afirmó el cantante.
Pero no siempre el que canta mejor es el que canta más fuerte. En noviembre de 2007 Chávez “pasó la cuenta” y prohibió realizar una actividad en un estadio público, donde sí se autorizó a actuar a Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina –más proclives a la dictadura chavista- pues en ella actuaba Sanz. El Poliedro, lugar donde se realizaría la actividad, es, si no el único, uno de los pocos lugares en Caracas donde se pueden realizar eventos masivos de más de 15.000 personas.
En Febrero, anticipándose a la llegada de Sanz, las marionetas chavistas reunidas en el Consejo Municipal de Caracas lo declararon como "persona non grata" por sus reiteradas críticas al tirano venezolano. El Consejo pidió a las autoridades prohibir la realización del recital, y la eficaz dictadura autoritaria procesó con celeridad la “espontanea” petición, y negó nuevamente el centro de eventos, a lo que la productora Evenpro, organizadora del evento, señaló que el recital se canceló "por no contar con las condiciones apropiadas". A buen entendedor…
En síntesis: el arte, la libertad de expresión y la izquierda son enteramente compatibles… cuando el artista es de izquierda y apoya causas de izquierdas.
miércoles, febrero 13, 2008
"copiar y pegar"... ¿hàbito correcto?
Un interesante artículo destaca el hábito de los estudiantes de colegio de Gran Bretaña de copiar y pegar casi todos sus trabajos. En efecto, señala la nota que "Más de la mitad de los profesores británicos abordados en una encuesta han declarado que piensan que el plagio de trabajos de Internet es un problema."
Asì, el 58% de los profesores encuestados por la Asociación de Profesores y Académicos habían detectado esta práctica entre sus alumnos de sexto grado. Incluso, señala que "un profesor de la cuidad de Leeds dijo: “Tuve un trabajo ‘cortado y pegado’ de forma tan manifiesta que incluía los anuncios de la página web”."
Al igual que en las cárceles, en las universidades se aprenden los delitos que "facilitan" la vida: la gran mayoría copia en las pruebas con el concurso de las más acabadas tecnologías: los celulares con bluetooth, por ejemplo, son instrumentos útiles, pero lo siguen siendo también torpedos, los soplos, las anotaciones en el banco, etc. Sin duda, todo ello frente al absoluto descaro de sus autores y la negligencia de profesores y ayudantes.
A lo mejor, como piden los profesores ingleses, ha llegado la hora que en los colegios y universidades fortalezcamos las medidas contra el plagio. Si de acuerdo con el artìculo, "el 58% de los profesores que afirmaron que cerca de un cuarto de los trabajos que les entregan sus alumnos incluye “copia y pega“.", estamos frente a un problema grave
Conforme con ello, en lo personal he decidido adoptar ciertas medidas:
1. Antes de entrar a las prueba se exigirá que los alumnos dejen todas tus cosas en la mochila, celulares y calculadoras incluidas, y tendràn que dejar el bolso adelante
2. Las pruebas escritas se efectuarán en 3 o 4 formas distintas.
3. Los profesores debemos renovar las preguntas, para que no ocurra que los alumnos tengan el incentivo de "pasarse preguntas" unos a otros
Ello, entre otras medidas
Si quieren ver los artículos originales (y cuánto de ellos copiè y peguè) vean
http://www.noticiasdot.com/wp2/2008/01/21/el-copiar-y-pegar-online-es-un-grave-problema-educativo-en-inglaterra/
y http://www.tercera.cl/medio/articulo/0,0,3255_255243945_292948823,00.html
Asì, el 58% de los profesores encuestados por la Asociación de Profesores y Académicos habían detectado esta práctica entre sus alumnos de sexto grado. Incluso, señala que "un profesor de la cuidad de Leeds dijo: “Tuve un trabajo ‘cortado y pegado’ de forma tan manifiesta que incluía los anuncios de la página web”."
Al igual que en las cárceles, en las universidades se aprenden los delitos que "facilitan" la vida: la gran mayoría copia en las pruebas con el concurso de las más acabadas tecnologías: los celulares con bluetooth, por ejemplo, son instrumentos útiles, pero lo siguen siendo también torpedos, los soplos, las anotaciones en el banco, etc. Sin duda, todo ello frente al absoluto descaro de sus autores y la negligencia de profesores y ayudantes.
A lo mejor, como piden los profesores ingleses, ha llegado la hora que en los colegios y universidades fortalezcamos las medidas contra el plagio. Si de acuerdo con el artìculo, "el 58% de los profesores que afirmaron que cerca de un cuarto de los trabajos que les entregan sus alumnos incluye “copia y pega“.", estamos frente a un problema grave
Conforme con ello, en lo personal he decidido adoptar ciertas medidas:
1. Antes de entrar a las prueba se exigirá que los alumnos dejen todas tus cosas en la mochila, celulares y calculadoras incluidas, y tendràn que dejar el bolso adelante
2. Las pruebas escritas se efectuarán en 3 o 4 formas distintas.
3. Los profesores debemos renovar las preguntas, para que no ocurra que los alumnos tengan el incentivo de "pasarse preguntas" unos a otros
Ello, entre otras medidas
Si quieren ver los artículos originales (y cuánto de ellos copiè y peguè) vean
http://www.noticiasdot.com/wp2/2008/01/21/el-copiar-y-pegar-online-es-un-grave-problema-educativo-en-inglaterra/
y http://www.tercera.cl/medio/articulo/0,0,3255_255243945_292948823,00.html
Barack Obama: Viva el cambio!
Es natural y comprensible que a Barack Obama le esté yendo bien en su carrera por la Presidencia. El eje de campaña de los candidatos es qué tan distanciados están respecto de quien hoy preside la Casa Blanca, pues – siendo veleidosa como es- la opinión pública no adhiere hoy a George W. Bush como antaño. No hay que menospreciarlo: no es fácil ser electo dos veces en EEUU. Si no, pregúntenle a Jimmy Carter y al propio Bush padre.
La alternativa que aparecía natural desde la oposición demócrata no era sino el mantenimiento del status quo: la opción la representaba la verdadera vicepresidente de su marido que gobernaba mientras él tocaba saxofón; la misma que después fue senadora del estado liberal de “the hands that built America”, como decía Bono; la misma que “perdonó” las infidelidades en la Casa Oval: Hillary R. Clinton
Sin embargo, ella mantenía un flanco abierto: ser parte de la política tradicional estadounidense. La opinión pública estadounidense, en particular los jóvenes, tiene la percepción de que la senadora Clinton es un ser frío y ávido de poder, y por lo mismo, una continuista más. Sus discursos, aunque ocurrentes -por ejemplo aquel en que Hillary se ha proclamado como la segunda Clinton que remediaría los males del segundo Bush- no hacen sino incrementar esa sensación de continuidad.
Frente a esa opción –quien lo dijera, al final Hillary parece más continuista de Bush que rupturista de él- irrumpió un discurso renovador de cambio. Por sí mismo, Obama es un cambio generacional, racial y cultural respecto de la tradicional clase política estadounidense. Hijo de un africano y una blanca de origen nórdico de Kansas que, gracias a su talento, estudió al igual que Michelle, su mujer, en Harvard, en lugar de hacerse rico en un estudio de abogados neoyorquinos, prefirió ir a trabajar con los pobres durante diez años: lo saben las barriadas más miserables de Chicago.
Pero su gran mérito ha sido no generar asintonías entre su vida personal y su discurso político. Veamos las claves, en sus propias palabras, para ver si, al mismo tiempo, dichos discursos nos enseñan un camino inteligente de alternancia en el poder para Chile.
1. Discurso antisistema, contra los políticos tradicionales: “Nuestra política se torno penosa y partidaria, tan echada a perder por dinero e influencia, que no nos permite abordar los grandes problemas que demandan soluciones.” ¿No les suena a discurso conocido? Es cierto, la apatía y la desconfianza respecto de los políticos no es cosa que hayamos inventado en Chile, pero en nuestro medio los índices de popularidad de “los políticos” es casi tan bajo como en cualquier parte del mundo.
Obama se desmarca con facilidad y descaro de los “políticos profesionales”. El hoy senador por Illinois gusta de citar una frase del ex presidente Bill Clinton, al señalar: "La verdad es que uno puede tener experiencia positiva y experiencia negativa. La mía está arraigada en la vida real de gente real, y traerá resultados reales si tenemos valor para cambiar".
2. “Tenemos que cambiar nuestra política.” Si Obama usara algo semejante a “The real troubles of the people”, tendría problemas de inscripción de marca con algunos expertos en marketing político chileno. Su otra frase favorita: “el cambio es lo que va a pasar en América”, con su público gritándole “we want change!, we want change”, muestra que el discurso del cambio y la alternancia funcionan. Debemos alertar, eso sí, que no siempre dicho discurso es sinónimo de resultados positivos: la gente, en especial la más pobre, sufre de aversión a los cambios, incluso los políticos. Ello explica los bajos niveles de incumbencia de los políticos y las altas tasas de reelectibilidad de los mismos.
3. Discurso de unidad. “tenemos que juntar nuestros intereses comunes y nuestros problemas como norteamericanos.” A la gente, ni acá ni allá, le interesan las peleas pequeñas. Los políticos se han desprestigiado con ellas, y es esa la explicación que permite entender por qué a los organismos técnicos –equivocados o no- les va mejor en las evaluaciones que a los entes políticos. Obama tiene claro eso, y por ello es que –no obstante se saque los ojos con Clinton, y luego con McCain- hablará de unidad y de atravesar fronteras. ¿Escucharon claro los que hablan de “desalojo”?
4. Sinceridad ante todo. Como señala Vargas Llosa, Barack posee una “insensata sinceridad con que ha desnudado su vida en su autobiografía y en su campaña.” ¿Qué pecados podrían usar los Clinton en una “guerra sucia” si él ya los ha confesado todos? No es posible sacarlo al pizarrón por los errores que cometió –como el consumo de drogas – pues él ya se adelantó. Y lo que es más importante, el pueblo americano ya lo perdonó.
5. Convoca a la esperanza de tiempos nuevos. “Esto no va a pasar por si solo. Solo usted puede cambiar nuestra política, la gente a través de nuestro país que cree que existe una mejor manera y están dispuestos a trabajar por ese cambio.” Nadie se encanta con un mero cambio. El cambio tiene, en el caso de Obama, un sustento de esperanza, de sueño americano de volver a construir el país que siempre quisieron en especial las clases medias. Después de todo, a todos nos gustan los finales del tipo “happily ever after”
Es cierto que su campaña tiene olor a Starbucks más que a Dunkin´Donuts, lo que acá sería más “pelolais” que “pokemon”. También lo es que sus posibilidades de ganar siguen siendo menores que las de Clinton, pues ganarle a la burocracia establecida siempre es difícil. Pero ¡Por Díos que se puso entretenida la campaña estadounidense con este discurso de “viva el cambio”!
La alternativa que aparecía natural desde la oposición demócrata no era sino el mantenimiento del status quo: la opción la representaba la verdadera vicepresidente de su marido que gobernaba mientras él tocaba saxofón; la misma que después fue senadora del estado liberal de “the hands that built America”, como decía Bono; la misma que “perdonó” las infidelidades en la Casa Oval: Hillary R. Clinton
Sin embargo, ella mantenía un flanco abierto: ser parte de la política tradicional estadounidense. La opinión pública estadounidense, en particular los jóvenes, tiene la percepción de que la senadora Clinton es un ser frío y ávido de poder, y por lo mismo, una continuista más. Sus discursos, aunque ocurrentes -por ejemplo aquel en que Hillary se ha proclamado como la segunda Clinton que remediaría los males del segundo Bush- no hacen sino incrementar esa sensación de continuidad.
Frente a esa opción –quien lo dijera, al final Hillary parece más continuista de Bush que rupturista de él- irrumpió un discurso renovador de cambio. Por sí mismo, Obama es un cambio generacional, racial y cultural respecto de la tradicional clase política estadounidense. Hijo de un africano y una blanca de origen nórdico de Kansas que, gracias a su talento, estudió al igual que Michelle, su mujer, en Harvard, en lugar de hacerse rico en un estudio de abogados neoyorquinos, prefirió ir a trabajar con los pobres durante diez años: lo saben las barriadas más miserables de Chicago.
Pero su gran mérito ha sido no generar asintonías entre su vida personal y su discurso político. Veamos las claves, en sus propias palabras, para ver si, al mismo tiempo, dichos discursos nos enseñan un camino inteligente de alternancia en el poder para Chile.
1. Discurso antisistema, contra los políticos tradicionales: “Nuestra política se torno penosa y partidaria, tan echada a perder por dinero e influencia, que no nos permite abordar los grandes problemas que demandan soluciones.” ¿No les suena a discurso conocido? Es cierto, la apatía y la desconfianza respecto de los políticos no es cosa que hayamos inventado en Chile, pero en nuestro medio los índices de popularidad de “los políticos” es casi tan bajo como en cualquier parte del mundo.
Obama se desmarca con facilidad y descaro de los “políticos profesionales”. El hoy senador por Illinois gusta de citar una frase del ex presidente Bill Clinton, al señalar: "La verdad es que uno puede tener experiencia positiva y experiencia negativa. La mía está arraigada en la vida real de gente real, y traerá resultados reales si tenemos valor para cambiar".
2. “Tenemos que cambiar nuestra política.” Si Obama usara algo semejante a “The real troubles of the people”, tendría problemas de inscripción de marca con algunos expertos en marketing político chileno. Su otra frase favorita: “el cambio es lo que va a pasar en América”, con su público gritándole “we want change!, we want change”, muestra que el discurso del cambio y la alternancia funcionan. Debemos alertar, eso sí, que no siempre dicho discurso es sinónimo de resultados positivos: la gente, en especial la más pobre, sufre de aversión a los cambios, incluso los políticos. Ello explica los bajos niveles de incumbencia de los políticos y las altas tasas de reelectibilidad de los mismos.
3. Discurso de unidad. “tenemos que juntar nuestros intereses comunes y nuestros problemas como norteamericanos.” A la gente, ni acá ni allá, le interesan las peleas pequeñas. Los políticos se han desprestigiado con ellas, y es esa la explicación que permite entender por qué a los organismos técnicos –equivocados o no- les va mejor en las evaluaciones que a los entes políticos. Obama tiene claro eso, y por ello es que –no obstante se saque los ojos con Clinton, y luego con McCain- hablará de unidad y de atravesar fronteras. ¿Escucharon claro los que hablan de “desalojo”?
4. Sinceridad ante todo. Como señala Vargas Llosa, Barack posee una “insensata sinceridad con que ha desnudado su vida en su autobiografía y en su campaña.” ¿Qué pecados podrían usar los Clinton en una “guerra sucia” si él ya los ha confesado todos? No es posible sacarlo al pizarrón por los errores que cometió –como el consumo de drogas – pues él ya se adelantó. Y lo que es más importante, el pueblo americano ya lo perdonó.
5. Convoca a la esperanza de tiempos nuevos. “Esto no va a pasar por si solo. Solo usted puede cambiar nuestra política, la gente a través de nuestro país que cree que existe una mejor manera y están dispuestos a trabajar por ese cambio.” Nadie se encanta con un mero cambio. El cambio tiene, en el caso de Obama, un sustento de esperanza, de sueño americano de volver a construir el país que siempre quisieron en especial las clases medias. Después de todo, a todos nos gustan los finales del tipo “happily ever after”
Es cierto que su campaña tiene olor a Starbucks más que a Dunkin´Donuts, lo que acá sería más “pelolais” que “pokemon”. También lo es que sus posibilidades de ganar siguen siendo menores que las de Clinton, pues ganarle a la burocracia establecida siempre es difícil. Pero ¡Por Díos que se puso entretenida la campaña estadounidense con este discurso de “viva el cambio”!
lunes, febrero 11, 2008
Leyes antiterroristas y "conflicto mapuche"
Hace más de 25 años la Comisión de Estudios para una Nueva Constitución alertaba sobre el riesgo del terrorismo, apreciando cómo las “miles de personas inocentes, niños, mujeres, ancianos (que) han sido víctima de su violencia despiadada” apreciaban, impotentes, cómo sus derechos humanos esenciales eran conculcados por grupos organizados violentistas. Visionariamente, la Comisión hacía hincapié en determinada característica del terrorismo moderno, “la organización internacional, pues por lo general responde a una misma inspiración ideológica totalitaria...”
El terrorismo es hoy, al igual que entonces, una de las lacras más graves que vive una sociedad libre, pues pretende que unos pocos alteren por la violencia, lo que la nación ha determinado como convivencia razonable fundada en el derecho. Es, pues, una amenaza permanente para quienes pretendemos vivir en paz y libertad. Es, como lo señala adecuadamente la Constitución, un grave atentado a los derechos humanos, pues con duros aprendizajes nuestra sociedad comprendió que la violencia no es un medio válido de acción política.
Estos principios, que creíamos incorporados a cabalidad en nuestra sociedad, están siendo hoy nuevamente objeto de crítica y cuestionamiento. Bajo la excusa del alentado y financiado desde el extranjero “conflicto mapuche”, se ha pretendido justificar por ciertos sectores la comisión de hechos de carácter terrorista, como las quemas de fundos, asaltos a la policía, ataques a personas y bienes determinados y, en general, actividades propias de la denominada “guerra de guerrillas”.
A raíz del “conflicto” ha surgido, pues, la necesidad de revisar la vigencia y existencia de normas antiterroristas. Parece claro en tal sentido que en el resto del mundo el tema ya parece zanjado. Normas rigurosas contra el terrorismo son comunes en el mundo occidental, y la tendencia legislativa se orienta a reprimir en forma oportuna al violentismo. En Derecho Comparado, tanto la legislación española (Ley Orgánica Nº 8/1984) como la italiana (Ley Nº 152 de 22 de mayo de 1975, conocida como“Ley Reale”), tipifican delitos comunes como delitos terroristas, cuando estos cumplen con determinadas características, al igual que el Convenio Europeo para la Represión del Terrorismo (CERT), de 29 de enero de 1977. Recientemente, los atentados en Nueva York del 2001 motivaron a la ONU a declarar “que los actos, métodos y prácticas terroristas son contrarios a los propósitos y principios de las Naciones Unidas y que financiar intencionalmente actos de terrorismo, planificarlos e incitar a su comisión también es contrario a dichos propósitos y principios”: conforme a ello las diversas legislaciones han incrementado sus sanciones y prevenciones de represión antiterrorista.
Contra la tendencia mundial, consistente en aumentar sanciones y controles en dichas materias, en nuestro medio hay quienes han propuesto derogar la ley antiterrorista ¿Qué es lo que realmente se pretende eliminar? La actual ley antiterrorismo (N° 18.314, artículos 1° y 2º) sanciona con mayor rigor a los delitos simples que se cometen con ánimo de arrancar decisiones de la autoridad por medio de causar en toda o parte de la población la amenaza de ser víctima de una acción similar sea por la naturaleza y efectos de los medios empleados, o por la evidencia de que obedece a un plan premeditado de atentar contra una categoría o grupo determinado de personas.
¿Es antidemocrática esta legislación? Al contrario, constituye una adecuada garantía de que en nuestra sociedad todos los sectores y grupos son vistos y tratados por igual ante la ley, y que aquellos que opten por la violencia como medio de acción política serán sancionados más duramente.
El presidente de la Cámara de Diputados, Antonio Leal, se pregunta si es posible que a un joven que en Santiago lanza una bomba molotov contra un vehículo de carabineros se le aplique la Ley de Control de Armas y que en la IX Región a un mapuche que hace lo mismo se le aplique la ley antiterrorista. En cualquier Estado Democrático de Derecho serio, la respuesta sería afirmativa: quien actúa en una asociación terrorista debe ser sancionado en forma más severa que los demás, de acuerdo con la sana doctrina aristotélica de la isonomía: tratar igual a los iguales y desigualmente a los desiguales.
Por eso resulta preocupante que desde el Ejecutivo se señale que "en el actual Gobierno hay que excluir la aplicación de esa ley mientras no haya víctimas humanas". Por ello es igualmente alarmante usar un presunto conflicto de supuesta naturaleza interracial para ablandar legislaciones para absolver a quienes promueven el terror como medio de acción política.
El terrorismo es hoy, al igual que entonces, una de las lacras más graves que vive una sociedad libre, pues pretende que unos pocos alteren por la violencia, lo que la nación ha determinado como convivencia razonable fundada en el derecho. Es, pues, una amenaza permanente para quienes pretendemos vivir en paz y libertad. Es, como lo señala adecuadamente la Constitución, un grave atentado a los derechos humanos, pues con duros aprendizajes nuestra sociedad comprendió que la violencia no es un medio válido de acción política.
Estos principios, que creíamos incorporados a cabalidad en nuestra sociedad, están siendo hoy nuevamente objeto de crítica y cuestionamiento. Bajo la excusa del alentado y financiado desde el extranjero “conflicto mapuche”, se ha pretendido justificar por ciertos sectores la comisión de hechos de carácter terrorista, como las quemas de fundos, asaltos a la policía, ataques a personas y bienes determinados y, en general, actividades propias de la denominada “guerra de guerrillas”.
A raíz del “conflicto” ha surgido, pues, la necesidad de revisar la vigencia y existencia de normas antiterroristas. Parece claro en tal sentido que en el resto del mundo el tema ya parece zanjado. Normas rigurosas contra el terrorismo son comunes en el mundo occidental, y la tendencia legislativa se orienta a reprimir en forma oportuna al violentismo. En Derecho Comparado, tanto la legislación española (Ley Orgánica Nº 8/1984) como la italiana (Ley Nº 152 de 22 de mayo de 1975, conocida como“Ley Reale”), tipifican delitos comunes como delitos terroristas, cuando estos cumplen con determinadas características, al igual que el Convenio Europeo para la Represión del Terrorismo (CERT), de 29 de enero de 1977. Recientemente, los atentados en Nueva York del 2001 motivaron a la ONU a declarar “que los actos, métodos y prácticas terroristas son contrarios a los propósitos y principios de las Naciones Unidas y que financiar intencionalmente actos de terrorismo, planificarlos e incitar a su comisión también es contrario a dichos propósitos y principios”: conforme a ello las diversas legislaciones han incrementado sus sanciones y prevenciones de represión antiterrorista.
Contra la tendencia mundial, consistente en aumentar sanciones y controles en dichas materias, en nuestro medio hay quienes han propuesto derogar la ley antiterrorista ¿Qué es lo que realmente se pretende eliminar? La actual ley antiterrorismo (N° 18.314, artículos 1° y 2º) sanciona con mayor rigor a los delitos simples que se cometen con ánimo de arrancar decisiones de la autoridad por medio de causar en toda o parte de la población la amenaza de ser víctima de una acción similar sea por la naturaleza y efectos de los medios empleados, o por la evidencia de que obedece a un plan premeditado de atentar contra una categoría o grupo determinado de personas.
¿Es antidemocrática esta legislación? Al contrario, constituye una adecuada garantía de que en nuestra sociedad todos los sectores y grupos son vistos y tratados por igual ante la ley, y que aquellos que opten por la violencia como medio de acción política serán sancionados más duramente.
El presidente de la Cámara de Diputados, Antonio Leal, se pregunta si es posible que a un joven que en Santiago lanza una bomba molotov contra un vehículo de carabineros se le aplique la Ley de Control de Armas y que en la IX Región a un mapuche que hace lo mismo se le aplique la ley antiterrorista. En cualquier Estado Democrático de Derecho serio, la respuesta sería afirmativa: quien actúa en una asociación terrorista debe ser sancionado en forma más severa que los demás, de acuerdo con la sana doctrina aristotélica de la isonomía: tratar igual a los iguales y desigualmente a los desiguales.
Por eso resulta preocupante que desde el Ejecutivo se señale que "en el actual Gobierno hay que excluir la aplicación de esa ley mientras no haya víctimas humanas". Por ello es igualmente alarmante usar un presunto conflicto de supuesta naturaleza interracial para ablandar legislaciones para absolver a quienes promueven el terror como medio de acción política.
jueves, febrero 08, 2007
el "calentamiento global" y los mitos...
El IPCC, Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, hizo público su informe en París sobre el calentamiento global. Dicho documento advierte que la temperatura mundial subiría entre 1,8 y 4 grados en cien años, y que el nivel de los océanos podría aumentar hasta 59 centímetros. Todo debido, según ellos, a la nefasta influencia humana en la Tierra.
¿Es la civilización cristiana-occidental la gran culpable de los males ecológicos que sufre la Tierra? Hay mucho de ideológico en dicha visión. No es muy difícil indagar que normalmente quienes argumentan en torno a los mitos sobre el cambio climático, la contaminación y la devastación de la floresta provienen usualmente del mundo de la izquierda antimercado y antiglobalización. A ellos, especialmente a quienes viven de los frutos de esta discusión, les interesa mantener vivo este tema aún a riesgo de afirmar cosas controvertibles como verdades absolutas
Citando a Steyn, con las nuevas tecnologías, los ecologistas serían como fósiles que se están quedando sin combustible, pues sus predicciones apocalípticas generalmente fracasan: la “nueva Edad de Hielo” predicha en los años 70, finalmente no sobrevino. Su sucesor, el “calentamiento global”, concepto de los 80 recientemente reciclado, considera cada fenómeno meteorológico concebible como prueba del calentamiento global: así, la falta de calor global es evidencia del calentamiento global, pero las heladas, el hielo, la nieve, los glaciares, también son también muestras del calentamiento global.
¿Es tan catastrófica nuestra situación actual? No hay como saberlo. El clima está cambiando siempre y los ciclos climáticos son de miles de años. Las series de datos más antiguas, todas de dudosa validez por deficiencias instrumentales (por ejemplo, la red de estaciones terrenas están colocadas en general en áreas urbanas e industriales crecientes, las que muestran lecturas más altas que las áreas rurales adyacentes) no llegan a abarcar 150 años. Con esos datos, obviando su poca confiabilidad, sería imposible determinar seriamente una tendencia. El promedio de las mediciones hechas en estaciones terrenas muestran, efectivamente, un leve incremento durante los últimos 100 años, pero todavía dentro de las variaciones naturales registradas en el último milenio.
¿Cuáles son, pues, las condiciones atmosféricas “normales”? Es variable. Para muestra, los ambientalistas y la BBC nos dan la escandalosa noticia que Groenlandia se está volviendo verde. ¡Si fue precisamente “tierra verde” el nombre que le dieron sus primeros habitantes! Y no es que los vikingos fueran tontos: lo que descubrió en el año 982 Erik el Rojo fue, ciertamente, una “tierra verde” (de ahí, etimológicamente, Groenlandia).
Si adscribimos íntegramente a la opinión ecologista, como si fuera una “verdad revelada” que obvia la condición de auto preservación de nuestro medio ambiente, corremos el riesgo de caer en manos de una nueva forma de falsa deidad: el ecologismo profundo. Tal beatería ecológica genera –oh, paradoja- un mercado de miles de millones de dólares que beneficia a grupos ambientalistas y ONG por todas partes del mundo cuya finalidad pareciera ser renunciar por completo al desarrollo, y llevarnos a deshacer la división del trabajo, retornando a esa vida brutal y miserable que citaba Hobbes. En suma, nos reintegra a las cavernas, sacrificando el crecimiento económico y la superación de la pobreza humana.
¿Suena a totalitarismo? Sin dudas. Pero no es de extrañarse: si hay un punto en el que coinciden los ideólogos nazis y los ecologistas de izquierdas es en el retorno a la naturaleza primitiva, al paraíso perdido por culpa de la industrialización, el progreso tecnológico y el desarrollo capitalista. Esta idea reaccionaria encierra, en el fondo, el común odio de dichas doctrinas al liberalismo moderno y a la cultura occidental.
En síntesis, la nueva Biblia del ecologista, a diferencia de los Santos Libros, genera más preguntas que respuestas. Propongo al respecto tres inquietudes: una, ¿es realmente la humanidad realmente la primera y única fuente de ecopecados?; otra, de entre lo “ecopecadores”, ¿por qué los mayores contaminantes son los productores estatales y no los particulares?; y la tercera, ¿podría estar causando más calentamiento global la repoblación forestal que mi automóvil destructor de recursos, de 9 kms. por litro, con todos sus filtros al día?
A estas preguntas hay una sola respuesta cierta: el ya saturado mercado de científicos y ONGs necesitará de varios millones de dólares de nuestros bolsillos para investigar más al respecto
sábado, febrero 03, 2007
sobre las corbatas y las formas
Un columnsta español, Enric Sierra, propone la abolición de las corbatas y trajes oscuros. Más bien, se queja de su uso en la Scala de Milan. http://www.lavanguardia.es/viapublica/index.html
El paso del tiempo me ha permitido darme cuenta que el fondo no es lo único. A veces las formas son capaces de resolver un asunto por sí mismo. Así que aborrecer de las formas es una manera de aborrecer de la naturaleza humana
Seguramente en 1200 años más la discusión entre "corbateros" y "anticorbateros" será irrelevante. Pero hoy lo sigue siendo. Ese arminículo de seda o de otro material, acompañado de un traje elegante, no hace, como pretende Sierra, que "el mundo se pueda dividir entre los que llevan traje oscuro y corbata y el resto", sino que distingue entre quienes están dispuestos a mostrar respeto por las formas o quienes no lo están. No creo que el cronista no tenga dinero para comprar una corbata: el punto es que no lo hace porque no quiere hacerlo.
En torno a la libertad siempre se han generado los argumentos más lamentables. Me imagino que el cronista no disfrutaría que a su fiesta de cumpleaños o a su matrimonio llegaran invitados desnudos, con harapos, desaseados o derechamente hediondos. Es que, al final del día, las formas sí nos importan. Y en nuestra cultura, la corbata y el traje oscuro es una muestra de respeto a las formas.
El paso del tiempo me ha permitido darme cuenta que el fondo no es lo único. A veces las formas son capaces de resolver un asunto por sí mismo. Así que aborrecer de las formas es una manera de aborrecer de la naturaleza humana
Seguramente en 1200 años más la discusión entre "corbateros" y "anticorbateros" será irrelevante. Pero hoy lo sigue siendo. Ese arminículo de seda o de otro material, acompañado de un traje elegante, no hace, como pretende Sierra, que "el mundo se pueda dividir entre los que llevan traje oscuro y corbata y el resto", sino que distingue entre quienes están dispuestos a mostrar respeto por las formas o quienes no lo están. No creo que el cronista no tenga dinero para comprar una corbata: el punto es que no lo hace porque no quiere hacerlo.
En torno a la libertad siempre se han generado los argumentos más lamentables. Me imagino que el cronista no disfrutaría que a su fiesta de cumpleaños o a su matrimonio llegaran invitados desnudos, con harapos, desaseados o derechamente hediondos. Es que, al final del día, las formas sí nos importan. Y en nuestra cultura, la corbata y el traje oscuro es una muestra de respeto a las formas.
lunes, julio 17, 2006
Aquí la respuesta de AI
El artículo mío en http://editorial.elmercurio.com/archives/2006/07/tribunal_penal.asp
La respuesta de AI en http://www.amnistia.cl/ y en "el mercurio" de 8 de julio de 2006
La respuesta de AI en http://www.amnistia.cl/ y en "el mercurio" de 8 de julio de 2006
Tribunal Penal Internacional: Sí, por favor!
En la página A-2 de “El Mercurio” de 6 de julio, se publica un artículo que su autor, Marcelo Brunet Bruce, tituló “Tribunal Penal Internacional? No, gracias”, donde manifiesta su oposición al TPI y califica la eventual ratificación del “Estatuto de Roma”, como “un error grave para Chile”. Le responde Leonardo Aravena A., Coordinador de Justicia Internacional, de AI Chile.
Como somos mayoría los que estamos por la ratificación, habiéndose aprobado ya, por unanimidad, en Comisión en el Senado la reforma constitucional requerida al efecto, es importante precisar algunos conceptos del Sr. Brunet reñidos con la realidad, con la verdad y con el texto del tratado.
Sostiene el articulista que “el tratado no asegura igual justicia para todos” por cuanto la competencia de la Corte estaría limitada para los Estados Parte, a los delitos ocurridos en otro Estado Parte o cuando los supuestos agresores sean nacionales de un Estado Parte, quedando exceptuados “los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (o sea, China, EE.UU., Rusia, Reino Unido y Francia), pues, según el artículo 13 del TPI, ellos no necesitan ser parte del tratado para requerir su intervención”.
Basta leer el artículo 13 del Estatuto y comprobar que la situación es la inversa, ya que la norma señala que la Corte podrá ejercer su competencia no quedan-do limitada la intervención de ningún Estado Parte, sino que se amplía la facul-tad de iniciar investigaciones al Consejo de Seguridad y al Fiscal, de oficio. La confusión del articulista parece surgir del texto del artículo 4º del Estatuto, en cuanto señala en su numeral segundo, que “La Corte podrá ejercer sus funcio-nes y atribuciones de conformidad con lo dispuesto en el presente Estatuto en el territorio de cualquier Estado Parte y, por acuerdo especial, en el territorio de cualquier otro Estado”, lo que resulta lógico, ya que el TPI no podría actuar respecto de hechos cometidos en el territorio de un Estado que no reconoce su jurisdicción, sea o no miembro del Consejo de Seguridad. Por su parte, los ciudadanos que cometan crímenes de competencia de la CPI no quedan impunes aunque el Estado al que pertenecen y por el que actúan, no sea un Estado Parte. Pueden y deben ser perseguidos.
Esta norma es la que hace más importante la adhesión a la Corte, sin excepcio-nes, para que no quede lugar en la que los violadores actúen con impunidad. Es también la norma en que se basan los detractores para no adherir, porque siendo o pudiendo ser sus nacionales infractores graves, al servicio de países poderosos, al integrarse a la CPI pretenden evitar que ésta los juzgue.
La CPI no “generará impunidad” como se afirma, sino todo lo contrario. Hoy existe impunidad aprovechada por los poderosos, que terminará el día que la Corte tenga el reconocimiento de todos y pueda juzgarlos a todos, sin excepcio-nes, como pretendemos “quienes creemos en principios elementales de justicia, de igualdad ante la ley, de seguridad jurídica y, en definitiva, en que la ley existe para proteger a los pequeños respecto de los abusos de los poderosos”.
Contra esta impunidad existente ha sido establecida la CPI, en el intento más serio de terminarla. Los violadores de los Derechos Humanos no apoyan la acción de la CPI porque afectaría sus actos prohibidos. Por algo amenazan con severas sanciones a los que adhieren, temerosos de tener que responder por sus atrocidades. No adherir equivale a aceptar la situación de impunidad que ha existido y existe en el mundo, siendo cosa diaria que los violadores actúen en forma salvaje y queden impunes. Mantener esa situación de fuerza, de poder y de impunidad es lo que se persigue al no aceptar cambios radicales ni la espe-ranza de terminar con los abusos. Si no violamos los Derechos Humanos ni tenemos tropas que los violen en nuestro país o en territorios extranjeros ¿Qué podemos temer de la CPI? ¿Quiénes si que deben temer a la CPI?
El artículo en comento señala también que “sin duda que las normas del TPI se aplicarán con el máximo rigor para los ciudadanos de Camboya, Mozambique, Liberia, El Salvador, Argelia, Ruanda o Chile, si es que nuestro país aprueba el tratado. ¿Y qué ocurrirá cuando los agresores sean ciudadanos de países poderosos que no ratifiquen el TPI? La respuesta es simple: nada”. Error, por cuanto esos ciudadanos podrán ser juzgados por la Corte si cometen sus atrocidades en los territorios de los Estados Parte, los que quedan de esta manera protegidos, si no son exceptua-dos por tratados bilaterales impuestos con amenazas, como los suscritos por EE. UU. para eximir a sus ciudadanos. Ninguno de los otros países mencionados tiene nada que temer si no viola los Derechos Fundamentales, incluido Chile y, por el contrario, se verán protegidos al integrarse a la CPI. Las razones de algunos poderosos para no adherir quedan a la vista: conscientes de que por aplicación de sus políticas internacionales violan los Derechos Humanos en terri-torios que no son los suyos, no quieren que sus efectivos vean frenada su bru-talidad por el hecho de poder ser juzgados. Por eso buscan la impunidad para ellos y no se comprometen a lo más simple, no violar derechos de nadie, con el agravante que tampoco ponen freno a sus desmanes.
El camino para implantar la justicia es duro. Serán necesarias reformas en la legislación nacional para lograr la complementariedad y la subsidiaridad de la acción de la CPI con relación a los tribunales de sus Estados Parte, para que aquella actúe cuando éstos no lo hagan o su acción sea nada más que una burla, como suele suceder con demasiada frecuencia. Pronto los 100 Estados Parte se multiplicarán y las amenazas de los poderosos, cuyas acciones hoy quedan impunes, serán debidamente castigadas por la CPI. Prueba de ello es que la oposición ya empieza a debilitarse, desde el momento que EE UU ha “ablandado” las sanciones a los Países que adhieren (caso de Ecuador y otros) y que su Embajador y nuestras autoridades ya afirman que en el caso de Chile, no habrá sanciones si ratificamos.
En la página A-2 de “El Mercurio” de 6 de julio, se publica un artículo que su autor, Marcelo Brunet Bruce, tituló “Tribunal Penal Internacional? No, gracias”, donde manifiesta su oposición al TPI y califica la eventual ratificación del “Estatuto de Roma”, como “un error grave para Chile”. Le responde Leonardo Aravena A., Coordinador de Justicia Internacional, de AI Chile.
Como somos mayoría los que estamos por la ratificación, habiéndose aprobado ya, por unanimidad, en Comisión en el Senado la reforma constitucional requerida al efecto, es importante precisar algunos conceptos del Sr. Brunet reñidos con la realidad, con la verdad y con el texto del tratado.
Sostiene el articulista que “el tratado no asegura igual justicia para todos” por cuanto la competencia de la Corte estaría limitada para los Estados Parte, a los delitos ocurridos en otro Estado Parte o cuando los supuestos agresores sean nacionales de un Estado Parte, quedando exceptuados “los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (o sea, China, EE.UU., Rusia, Reino Unido y Francia), pues, según el artículo 13 del TPI, ellos no necesitan ser parte del tratado para requerir su intervención”.
Basta leer el artículo 13 del Estatuto y comprobar que la situación es la inversa, ya que la norma señala que la Corte podrá ejercer su competencia no quedan-do limitada la intervención de ningún Estado Parte, sino que se amplía la facul-tad de iniciar investigaciones al Consejo de Seguridad y al Fiscal, de oficio. La confusión del articulista parece surgir del texto del artículo 4º del Estatuto, en cuanto señala en su numeral segundo, que “La Corte podrá ejercer sus funcio-nes y atribuciones de conformidad con lo dispuesto en el presente Estatuto en el territorio de cualquier Estado Parte y, por acuerdo especial, en el territorio de cualquier otro Estado”, lo que resulta lógico, ya que el TPI no podría actuar respecto de hechos cometidos en el territorio de un Estado que no reconoce su jurisdicción, sea o no miembro del Consejo de Seguridad. Por su parte, los ciudadanos que cometan crímenes de competencia de la CPI no quedan impunes aunque el Estado al que pertenecen y por el que actúan, no sea un Estado Parte. Pueden y deben ser perseguidos.
Esta norma es la que hace más importante la adhesión a la Corte, sin excepcio-nes, para que no quede lugar en la que los violadores actúen con impunidad. Es también la norma en que se basan los detractores para no adherir, porque siendo o pudiendo ser sus nacionales infractores graves, al servicio de países poderosos, al integrarse a la CPI pretenden evitar que ésta los juzgue.
La CPI no “generará impunidad” como se afirma, sino todo lo contrario. Hoy existe impunidad aprovechada por los poderosos, que terminará el día que la Corte tenga el reconocimiento de todos y pueda juzgarlos a todos, sin excepcio-nes, como pretendemos “quienes creemos en principios elementales de justicia, de igualdad ante la ley, de seguridad jurídica y, en definitiva, en que la ley existe para proteger a los pequeños respecto de los abusos de los poderosos”.
Contra esta impunidad existente ha sido establecida la CPI, en el intento más serio de terminarla. Los violadores de los Derechos Humanos no apoyan la acción de la CPI porque afectaría sus actos prohibidos. Por algo amenazan con severas sanciones a los que adhieren, temerosos de tener que responder por sus atrocidades. No adherir equivale a aceptar la situación de impunidad que ha existido y existe en el mundo, siendo cosa diaria que los violadores actúen en forma salvaje y queden impunes. Mantener esa situación de fuerza, de poder y de impunidad es lo que se persigue al no aceptar cambios radicales ni la espe-ranza de terminar con los abusos. Si no violamos los Derechos Humanos ni tenemos tropas que los violen en nuestro país o en territorios extranjeros ¿Qué podemos temer de la CPI? ¿Quiénes si que deben temer a la CPI?
El artículo en comento señala también que “sin duda que las normas del TPI se aplicarán con el máximo rigor para los ciudadanos de Camboya, Mozambique, Liberia, El Salvador, Argelia, Ruanda o Chile, si es que nuestro país aprueba el tratado. ¿Y qué ocurrirá cuando los agresores sean ciudadanos de países poderosos que no ratifiquen el TPI? La respuesta es simple: nada”. Error, por cuanto esos ciudadanos podrán ser juzgados por la Corte si cometen sus atrocidades en los territorios de los Estados Parte, los que quedan de esta manera protegidos, si no son exceptua-dos por tratados bilaterales impuestos con amenazas, como los suscritos por EE. UU. para eximir a sus ciudadanos. Ninguno de los otros países mencionados tiene nada que temer si no viola los Derechos Fundamentales, incluido Chile y, por el contrario, se verán protegidos al integrarse a la CPI. Las razones de algunos poderosos para no adherir quedan a la vista: conscientes de que por aplicación de sus políticas internacionales violan los Derechos Humanos en terri-torios que no son los suyos, no quieren que sus efectivos vean frenada su bru-talidad por el hecho de poder ser juzgados. Por eso buscan la impunidad para ellos y no se comprometen a lo más simple, no violar derechos de nadie, con el agravante que tampoco ponen freno a sus desmanes.
El camino para implantar la justicia es duro. Serán necesarias reformas en la legislación nacional para lograr la complementariedad y la subsidiaridad de la acción de la CPI con relación a los tribunales de sus Estados Parte, para que aquella actúe cuando éstos no lo hagan o su acción sea nada más que una burla, como suele suceder con demasiada frecuencia. Pronto los 100 Estados Parte se multiplicarán y las amenazas de los poderosos, cuyas acciones hoy quedan impunes, serán debidamente castigadas por la CPI. Prueba de ello es que la oposición ya empieza a debilitarse, desde el momento que EE UU ha “ablandado” las sanciones a los Países que adhieren (caso de Ecuador y otros) y que su Embajador y nuestras autoridades ya afirman que en el caso de Chile, no habrá sanciones si ratificamos.
Para debatirlo...
Si les interesa, lo publicaron en "El Mercurio". Hay réplica de Amnesty INternational
¿Por qué asumir una postura tan políticamente incorrecta? Porque, si bien el espíritu del TPI es humanista, fundado en el principio razonable de que los crímenes contra la humanidad o de guerra no queden impunes y de que la existencia de un tribunal permanente evitaría la impunidad de aquellos, no queda claro que el resultado propuesto a ratificación sea consecuente con tales nobles ideales.
En primer lugar, el Tratado no asegura igual justicia para todos. Ello por cuanto los estados-parte pueden solicitar la intervención de la Corte sólo cuando los delitos hayan ocurrido en otro estado-parte o cuando los supuestos agresores sean nacionales de un estado-parte. Sin embargo, se exceptúan de aquello los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (o sea China, EEUU, Rusia, Reino Unido y Francia), pues según el artículo 13 del Tratado ellos no necesitan ser parte del tratado para requerir su intervención, pues, a través del señalado Consejo, pueden solicitar la intervención de la Corte en cualquier estado, siendo o no miembro del estatuto.
Dicho de otro modo, los Miembros Permanentes que no han ratificado, a diferencia de los demás, son impunes de lo que ocurra en sus fronteras o de lo que ocurra a sus ciudadanos, ya que no son parte del Tratado. Pero sí pueden exigir que se investigara lo ocurrido en cualquier otro lugar. Así las cosas, sin duda que las normas del TPI se aplicarán con el máximo rigor para los ciudadanos de Camboya, Mozambique, Liberia, El Salvador, Argelia, Rwanda o Chile, si es que nuestro país aprueba el Tratado. ¿Y qué ocurrirá cuando los agresores sean ciudadanos de países poderosos que no ratifiquen el TPI? La respuesta es simple: nada.
Esto no es una mera especulación. Ni Estados Unidos, la Federación Rusa ni China han suscrito el Tratado. Las razones de aquello son más que comprensibles. Y Gran Bretaña y Francia ya declararon en la negociación del TPI que no estaban dispuestos a aceptar que se les aplicara el Estatuto. Así, es evidente que la Corte Internacional generará impunidad para ciudadanos de países poderosos y justicia rígida para nacionales de países débiles con reglas diversas.
En segundo término, existen delitos de competencia del TPI que afectan principios básicos de la determinación del delito, consagrados en cualquier constitución moderna. Así, el detalle de en qué consiste jurídicamente el delito de agresión sólo se determinará en caso que se apruebe el Tratado de la Corte. En el caso de los crímenes de lesa humanidad la situación es más antijurídica aún, pues su tipificación quedó indeterminada en el Tratado.
Asimismo, hay motivos suficientes para suponer que dicho tratado es inconstitucional. Por lo pronto, así lo señaló el Tribunal Constitucional en Sentencia de 8 de abril de 2002, Rol Nº 346) en que declaró que “para que (…) sea un tribunal establecido para juzgar delitos cometidos en Chile, debe incorporarse al sistema interno mediante una adecuación constitucional”, la cual no se ha producido a la fecha. Asimismo, y aún de producirse tal reforma, al ser la soberanía un atributo irrenunciable del Estado, por el cual puede juzgar a quienes viven o están de paso por Chile, no es posible pretender que las funciones por las que se manifiesta tal función del Estado puedan ser renunciadas o enajenadas.
No parece tener sentido ratificar una muy bien intencionada pero inconstitucional norma cuyos perjuicios, lejos de generar efectos humanitarios, podrían crear una nueva herramienta para los poderosos contra los pequeños, fundando una justicia de países de primera clase y otra para los de segundo o tercer nivel.
¿TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL? NO, GRACIAS.
Marcelo Brunet Bruce
Abogado. Profesor de Derecho Constitucional PUC y UNAB
La ratificación del Tribunal Penal Internacional (TPI) sería un error grave para Chile. Quienes creemos en principios elementales de justicia, de igualdad ante la ley, de seguridad jurídica y, en definitiva, en que la ley existe para proteger a los pequeños respecto de los abusos de los poderosos, no podemos favorecer su aprobación.
Marcelo Brunet Bruce
Abogado. Profesor de Derecho Constitucional PUC y UNAB
La ratificación del Tribunal Penal Internacional (TPI) sería un error grave para Chile. Quienes creemos en principios elementales de justicia, de igualdad ante la ley, de seguridad jurídica y, en definitiva, en que la ley existe para proteger a los pequeños respecto de los abusos de los poderosos, no podemos favorecer su aprobación.
¿Por qué asumir una postura tan políticamente incorrecta? Porque, si bien el espíritu del TPI es humanista, fundado en el principio razonable de que los crímenes contra la humanidad o de guerra no queden impunes y de que la existencia de un tribunal permanente evitaría la impunidad de aquellos, no queda claro que el resultado propuesto a ratificación sea consecuente con tales nobles ideales.
En primer lugar, el Tratado no asegura igual justicia para todos. Ello por cuanto los estados-parte pueden solicitar la intervención de la Corte sólo cuando los delitos hayan ocurrido en otro estado-parte o cuando los supuestos agresores sean nacionales de un estado-parte. Sin embargo, se exceptúan de aquello los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (o sea China, EEUU, Rusia, Reino Unido y Francia), pues según el artículo 13 del Tratado ellos no necesitan ser parte del tratado para requerir su intervención, pues, a través del señalado Consejo, pueden solicitar la intervención de la Corte en cualquier estado, siendo o no miembro del estatuto.
Dicho de otro modo, los Miembros Permanentes que no han ratificado, a diferencia de los demás, son impunes de lo que ocurra en sus fronteras o de lo que ocurra a sus ciudadanos, ya que no son parte del Tratado. Pero sí pueden exigir que se investigara lo ocurrido en cualquier otro lugar. Así las cosas, sin duda que las normas del TPI se aplicarán con el máximo rigor para los ciudadanos de Camboya, Mozambique, Liberia, El Salvador, Argelia, Rwanda o Chile, si es que nuestro país aprueba el Tratado. ¿Y qué ocurrirá cuando los agresores sean ciudadanos de países poderosos que no ratifiquen el TPI? La respuesta es simple: nada.
Esto no es una mera especulación. Ni Estados Unidos, la Federación Rusa ni China han suscrito el Tratado. Las razones de aquello son más que comprensibles. Y Gran Bretaña y Francia ya declararon en la negociación del TPI que no estaban dispuestos a aceptar que se les aplicara el Estatuto. Así, es evidente que la Corte Internacional generará impunidad para ciudadanos de países poderosos y justicia rígida para nacionales de países débiles con reglas diversas.
En segundo término, existen delitos de competencia del TPI que afectan principios básicos de la determinación del delito, consagrados en cualquier constitución moderna. Así, el detalle de en qué consiste jurídicamente el delito de agresión sólo se determinará en caso que se apruebe el Tratado de la Corte. En el caso de los crímenes de lesa humanidad la situación es más antijurídica aún, pues su tipificación quedó indeterminada en el Tratado.
Asimismo, hay motivos suficientes para suponer que dicho tratado es inconstitucional. Por lo pronto, así lo señaló el Tribunal Constitucional en Sentencia de 8 de abril de 2002, Rol Nº 346) en que declaró que “para que (…) sea un tribunal establecido para juzgar delitos cometidos en Chile, debe incorporarse al sistema interno mediante una adecuación constitucional”, la cual no se ha producido a la fecha. Asimismo, y aún de producirse tal reforma, al ser la soberanía un atributo irrenunciable del Estado, por el cual puede juzgar a quienes viven o están de paso por Chile, no es posible pretender que las funciones por las que se manifiesta tal función del Estado puedan ser renunciadas o enajenadas.
No parece tener sentido ratificar una muy bien intencionada pero inconstitucional norma cuyos perjuicios, lejos de generar efectos humanitarios, podrían crear una nueva herramienta para los poderosos contra los pequeños, fundando una justicia de países de primera clase y otra para los de segundo o tercer nivel.
miércoles, abril 05, 2006
Mar para Bolivia?
“Qué lindo sería que los bolivianos tengamos playas, qué bueno sería un fin de semana viajar allá y con mucha dignidad y soberanía dejar nuestras penas y alegrías”, demandaba Evo Morales en el discurso del Día del Mar Boliviano. El destino ha hecho que nuestro océano –llamado paradojalmente Pacífico- haya sido y siga siendo fuente de tanto conflicto con el vecino país
Sin pretender utilizar argumentos nacionalistas, hay razones para pensar que ninguna concesión chilena en la materia resolvería gran cosa. Al contrario, cualquier gesto distinto al de nuestra posición histórica pudiera solo generar mayores desavenencias en el futuro con Bolivia.
Por cierto, la reivindicación boliviana no dice relación con el acceso al mar, que el Tratado de 1904 señala en su artículo sexto que: “la República de Chile reconoce en favor de la de Bolivia y a perpetuidad, el más amplio y libre derecho de tránsito comercial por su territorio y puertos del Pacífico”. Pero, evidentemente, ello no bastó.
Porque la paradoja del tema que los bolivianos denominan “la problemática del mar” es que aquel no se resuelve sólo con mar. Nuestros vecinos no estarán jamás conformes con lo que nos demandan, y sus problemas seguirían exactamente igual al día siguiente de que Chile les hubiere entregado soberanía marítima, y al subsiguiente, y al año y al siglo después.
Ello dice relación con un asunto difícil de entender desde nuestra frontera, dada su naturaleza subjetiva. Las expectativas desmedidas que los propios bolivianos han generado respecto de una eventual salida al mar, sin duda sobrepasan con creces el tamaño del Océano.
Es ahí donde nace el problema: para Bolivia, el mar no es solo una reivindicación patriótica: el Pacífico, para ellos, es símbolo de desarrollo, de progreso económico, en síntesis, la razón por la que –para ellos- su pueblo es inmensamente pobre y el nuestro, injustamente rico. La prensa local habla del “el injusto enclaustramiento al que es sometido Bolivia” (Jornada); y que “Bolivia clama justicia para volver al Pacífico” (El Diario). ¿Puede ser el mar causa de tanto adjetivo?
Tal emotividad sólo se entiende haciendo el ejercicio de reemplazar la palabra “mar” por la de “desarrollo”, que parecieran ser sinónimas en el lenguaje boliviano Sin duda, para ellos lo ignominioso, lo injusto, lo abusivo, es que nuestro país haya alcanzado un crecimiento superior al de ellos y que los bolivianos atribuyen–correcta o erróneamente- al mar.
Así, cualquier alternativa que ofrezca Chile, salvo garantizarles desarrollo y crecimiento económico garantizado a los bolivianos -cosa lejana a nuestras posibilidades- siempre será insuficiente. Porque ante sus ojos nosotros somos los responsables de lo que les pasa.
Es que no es verdad que los 42 países mediterráneos que existen en el mundo sean todos pobres, ni es casualidad, por otro lado, que Bolivia se encuentre dentro de los que 30 menos desarrollados y más pobres del planeta. No es la falta de mar la que ha hecho que Bolivia haya tenido 91 presidentes en 181 años de vida independiente, uno cada dos años. No es culpa de la carencia oceánica que Bolivia ocupe el lugar 117 entre 159 países en índices de corrupción. No es la falta de mar lo que ha hecho que los bolivianos hayan hecho mal las cosas, como las hizo Chile durante años, hasta 1973.
Un prestigioso escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, afirma que “Es cierto que nuestro desarrollo como nación pudo haber sido otro si no hubiéramos perdido nuestra salida soberana al Pacífico. Pero también es cierto que a veces hemos utilizado ese argumento como una excusa para justificar nuestro atraso. ¿Chile es el único culpable de todas nuestras desgracias? No lo creo. Los culpables principales son la gran mayoría de nuestros gobernantes, que, entre muchos otros de sus grandes errores, han manejado este asunto demagógicamente”
Hasta que Bolivia se de cuenta que su porvenir no proviene del mar, sino de sus políticas públicas, de la liberalización de sus mercados, de creer en la libertad de empresa, no podrá liberarse del subdesarrollo y de la pobreza.
Sin pretender utilizar argumentos nacionalistas, hay razones para pensar que ninguna concesión chilena en la materia resolvería gran cosa. Al contrario, cualquier gesto distinto al de nuestra posición histórica pudiera solo generar mayores desavenencias en el futuro con Bolivia.
Por cierto, la reivindicación boliviana no dice relación con el acceso al mar, que el Tratado de 1904 señala en su artículo sexto que: “la República de Chile reconoce en favor de la de Bolivia y a perpetuidad, el más amplio y libre derecho de tránsito comercial por su territorio y puertos del Pacífico”. Pero, evidentemente, ello no bastó.
Porque la paradoja del tema que los bolivianos denominan “la problemática del mar” es que aquel no se resuelve sólo con mar. Nuestros vecinos no estarán jamás conformes con lo que nos demandan, y sus problemas seguirían exactamente igual al día siguiente de que Chile les hubiere entregado soberanía marítima, y al subsiguiente, y al año y al siglo después.
Ello dice relación con un asunto difícil de entender desde nuestra frontera, dada su naturaleza subjetiva. Las expectativas desmedidas que los propios bolivianos han generado respecto de una eventual salida al mar, sin duda sobrepasan con creces el tamaño del Océano.
Es ahí donde nace el problema: para Bolivia, el mar no es solo una reivindicación patriótica: el Pacífico, para ellos, es símbolo de desarrollo, de progreso económico, en síntesis, la razón por la que –para ellos- su pueblo es inmensamente pobre y el nuestro, injustamente rico. La prensa local habla del “el injusto enclaustramiento al que es sometido Bolivia” (Jornada); y que “Bolivia clama justicia para volver al Pacífico” (El Diario). ¿Puede ser el mar causa de tanto adjetivo?
Tal emotividad sólo se entiende haciendo el ejercicio de reemplazar la palabra “mar” por la de “desarrollo”, que parecieran ser sinónimas en el lenguaje boliviano Sin duda, para ellos lo ignominioso, lo injusto, lo abusivo, es que nuestro país haya alcanzado un crecimiento superior al de ellos y que los bolivianos atribuyen–correcta o erróneamente- al mar.
Así, cualquier alternativa que ofrezca Chile, salvo garantizarles desarrollo y crecimiento económico garantizado a los bolivianos -cosa lejana a nuestras posibilidades- siempre será insuficiente. Porque ante sus ojos nosotros somos los responsables de lo que les pasa.
Es que no es verdad que los 42 países mediterráneos que existen en el mundo sean todos pobres, ni es casualidad, por otro lado, que Bolivia se encuentre dentro de los que 30 menos desarrollados y más pobres del planeta. No es la falta de mar la que ha hecho que Bolivia haya tenido 91 presidentes en 181 años de vida independiente, uno cada dos años. No es culpa de la carencia oceánica que Bolivia ocupe el lugar 117 entre 159 países en índices de corrupción. No es la falta de mar lo que ha hecho que los bolivianos hayan hecho mal las cosas, como las hizo Chile durante años, hasta 1973.
Un prestigioso escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, afirma que “Es cierto que nuestro desarrollo como nación pudo haber sido otro si no hubiéramos perdido nuestra salida soberana al Pacífico. Pero también es cierto que a veces hemos utilizado ese argumento como una excusa para justificar nuestro atraso. ¿Chile es el único culpable de todas nuestras desgracias? No lo creo. Los culpables principales son la gran mayoría de nuestros gobernantes, que, entre muchos otros de sus grandes errores, han manejado este asunto demagógicamente”
Hasta que Bolivia se de cuenta que su porvenir no proviene del mar, sino de sus políticas públicas, de la liberalización de sus mercados, de creer en la libertad de empresa, no podrá liberarse del subdesarrollo y de la pobreza.
lunes, marzo 13, 2006
como redactar un ensayo
Escribir bien es importante en el ámbito académico, cultural, personal y profesional. Normalmente nadie enseña cómo hacerlo, y estas líneas no pretenden tal objetivo a cabalidad. Sin embargo, éstas son unas mínimas recomendaciones acerca de cómo transmitir las ideas a un texto en forma inteligente, que pueden ser aplicadas a los ensayos universitarios.
1. PENSAR ANTES DE ESCRIBIR:
Recomendamos algunos aspectos previos a escribir un texto que supongan tener comprensión de lo que se pretende escribir.
a) Selección del tema. Si bien el ensayista tiene la facultad de expresar sus opiniones sobre el tema en cuestión, nadie puede hablar de lo que no sabe, por lo que resulta totalmente necesario que el tema elegido sea investigado mediante la lectura que permita conocerlo objetivamente, antes de pensar en su redacción.
b) Búsqueda de información. Una vez determinado el tema, se busca la información necesaria. Se recomienda elaborar un cuestionario y responderlo considerando los conocimientos previos, así como la consulta de fuentes bibliográficas, hemerográficas y de cualquier otro tipo al alcance del ensayista. Para ello se deben utilizar los conocimientos previos y la información recabada; buscar respuestas en las fuentes de información que estén al alcance: artículos de otras revistas, libros de texto, enciclopedias, resúmenes, otras revistas, videos, periódicos, material en línea, maestros, etc.
c) Una vez definido el tema es necesario especificar objetivos respecto de este: ¿Qué quiero lograr con mi ensayo? ¿Qué quiero decir? Preguntar todo lo que se pueda acerca del tema: ¿Qué aspectos voy a considerar? Respecto al tema o fenómeno a estudiar: ¿Qué es? ¿Cómo es? ¿Para qué sirve? ¿Dónde se da? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué o quiénes intervienen en él? ¿Qué pasaría si no existiera? ¿De qué manera afecta a mi comunidad?, etc. Todo depende de la naturaleza del tema, de los aspectos que interesen a quien escribe y de los objetivos que se hayan definido para el trabajo, es decir, cada alumno puede elegir libremente qué aspectos desarrollar.
d) Organización. Para organizar debidamente las ideas, lo primero es decidir qué es lo que interesa decir, y cómo hacerlo. En función de qué y cómo. Se realiza un plan o bosquejo que visualice la estructura deseada. Es necesario plantearse claramente un objetivo de desarrollo y no perderlo de vista, pues de ello depende también la forma de organización de las ideas. Es conveniente en esta fase elegir un título que esté de acuerdo con el tema que se va a desarrollar. Además de que todos los ensayos deben ser titulados, esto permitiría no apartarse de la idea principal.
2. ESCRIBIR DESPUÉS DE PENSAR.
Una vez que se sabe qué escribir, debe ponerse en práctica un sistema que permita transformar las ideas en un buen texto. Así, las principales características de un buen ensayo son las siguientes:
· Breve: que no le falte ni le sobre nada. No es tan fácil ser breve. Un ensayo no va más allá de 4 ó 5 hojas tamaño carta, a máquina o en computadora, a doble espacio, por un solo lado.
· Unitario: debe versar sobre un solo tema, sin abordar otros. Es como un solo capítulo, todo seguido.
· Objetivo: debe emplearse un lenguaje impersonal, objetivo, científico, técnico. No utilizar el lenguaje coloquial, ni el literario ni el periodístico.
· Personal: debe ser el resultado de todo un proceso personal, además de incursionar en las propuestas individuales acerca de determinado tema. El plagio al escribir siempre es despreciado académicamente, y la comunidad científica generalmente no es tan grande como para no percibir las copias y la falta de originalidad.
¿Cómo organizar un buen texto? La estructura de un ensayo, por su parte, tiene una parte interna, consistente en lo que debe contener un ensayo, y otra externa, o sea la forma que debe representar el trabajo. En cuanto a la Estructura interna, en el desarrollo del tema debe emplearse un 60% de síntesis, o sea, las ideas de los autores pero expresadas con las palabras de uno mismo; un 20% de resumen, o sea, textos o frases de los autores, copiados al pie de la letra, entrecomillados y con la referencia bibliográfica al pie de página; y un 20% de comentario, o sea, las aportaciones, las propuestas, las reflexiones, las críticas personales.
La Estructura externa la estructuraremos de la siguiente forma:
a) Hoja de entrada: es la hoja de presentación del ensayo y en la que deben ir los siguientes rubros: Institución, asignatura, título o tema del ensayo, autor, lugar y fecha. Todo distribuido en toda la hoja con letras mayúsculas. Cuando se publique el ensayo no lleva esta página. Iniciaría, entonces, con el título y el nombre del autor.
b) La Introducción: es el 10% del ensayo y abarca más o menos media hoja. Está compuesta de tres partes, un párrafo para cada una de ellas. La justificación de por qué se escogió el tema del ensayo y por qué se elaboró el mismo. El contenido del ensayo, o sea, de qué trata. Y finalmente las limitaciones que se tuvieron para realizarlo.
c) El desarrollo: constituye el 80% del ensayo; abarca más o menos de 4 a 5 páginas. En él va todo el tema desarrollado, utilizando la estructura interna: 60% de síntesis, 20% de resumen y 20% de comentario.
d) Las conclusiones: contemplan el otro 10% del ensayo, alrededor de media página. En ellas se expresa la relevancia del tema, la importancia, la manera de llevar a cabo las recomendaciones o aportaciones.
e) Se añade a la estructura externa la bibliografía, las fuentes en las que se fundamentó el ensayo, en orden alfabético, iniciando por el apellido del autor, con mayúsculas, el nombre con minúsculas, el título subrayado, la editorial y la fecha de impresión.
f) Todas las partes de la estructura externa van seguidas como si se tratase de un solo capítulo o de un solo artículo. No es necesario que lleve el nombre de cada parte: introducción, desarrollo y conclusiones. Se entiende que el contenido determina la separación de cada parte.
g) Tras escribir el texto parece prudente que éste sea leído de nuevo -o pedir que alguien lo lea- con cuidado para revisar sintaxis, vocabulario y ortografía. Si se repite mucho una palabra o construcción, debe sustituirse con otra equivalente; cuando sea necesario, hay que volver a redactar la o las partes con más errores. Siempre es conveniente asegurarse de emplear nexos y frases de enlace debidos en cada párrafo, y que la puntuación ayude a seguir el orden de las ideas.
3. RESUMEN ESQUEMÁTICO.
La Universidad de Valencia[1] recomienda a sus alumnos el siguiente esquema de cómo escribir un ensayo, que incluimos como uno de los tantos métodos de desarrollo de ensayos:
Los preliminares
1. Elige un tema
2. Comienza a leer el material preliminar
3. Restringe el tema
4. Desarrolla una frase clave preliminar
Recopilar información
1. Compila la bibliografía a usar
2. Prepara las tarjetas bibliográficas de forma correcta (tarjetas de 3" x 5")
3. Comienza trabajo en profundidad en la librería; asegúrate de:
a. bibliografías generales
b. bibliografías compartidas
c. índices (libros y recopilaciones, literatura en periódicos, índices de diarios, índices de panfletos)
d. catalogo electrónico de la librería
Tomar notas
1. Desarrollar guión preliminar
2. Evaluar tus fuentes; ¿que material es primario o secundario?
3. Empieza a anotar en tarjetas de (4" x 6")
4. Evita el plagio
Escribir el ensayo
1. Desarrollar el guión final; compruébalo
2. Prepárate a escribir:
a. pon tus tarjetas de notas en el mismo orden que tu guión
b. considera a tus lectores (reales e imaginarios) y como sus anhelos pueden afectar tu tono y estilo
3. Escribe el borrador
4. Comprueba tu documentación con cuidado
5. Revisa y vuelve a escribirlo
6. Comprueba el formato del texto, citas, notas y bibliografía
7. Revisa una vez más lo escrito.
[1] La mayor parte de este método está sacado del estudio de James D. LESTER en Writing Research Papers: A Complete Guide, 2nd ed. (1971; rpt. Glenview, Illinois: Scott, Foresman, 1976).
1. PENSAR ANTES DE ESCRIBIR:
Recomendamos algunos aspectos previos a escribir un texto que supongan tener comprensión de lo que se pretende escribir.
a) Selección del tema. Si bien el ensayista tiene la facultad de expresar sus opiniones sobre el tema en cuestión, nadie puede hablar de lo que no sabe, por lo que resulta totalmente necesario que el tema elegido sea investigado mediante la lectura que permita conocerlo objetivamente, antes de pensar en su redacción.
b) Búsqueda de información. Una vez determinado el tema, se busca la información necesaria. Se recomienda elaborar un cuestionario y responderlo considerando los conocimientos previos, así como la consulta de fuentes bibliográficas, hemerográficas y de cualquier otro tipo al alcance del ensayista. Para ello se deben utilizar los conocimientos previos y la información recabada; buscar respuestas en las fuentes de información que estén al alcance: artículos de otras revistas, libros de texto, enciclopedias, resúmenes, otras revistas, videos, periódicos, material en línea, maestros, etc.
c) Una vez definido el tema es necesario especificar objetivos respecto de este: ¿Qué quiero lograr con mi ensayo? ¿Qué quiero decir? Preguntar todo lo que se pueda acerca del tema: ¿Qué aspectos voy a considerar? Respecto al tema o fenómeno a estudiar: ¿Qué es? ¿Cómo es? ¿Para qué sirve? ¿Dónde se da? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué o quiénes intervienen en él? ¿Qué pasaría si no existiera? ¿De qué manera afecta a mi comunidad?, etc. Todo depende de la naturaleza del tema, de los aspectos que interesen a quien escribe y de los objetivos que se hayan definido para el trabajo, es decir, cada alumno puede elegir libremente qué aspectos desarrollar.
d) Organización. Para organizar debidamente las ideas, lo primero es decidir qué es lo que interesa decir, y cómo hacerlo. En función de qué y cómo. Se realiza un plan o bosquejo que visualice la estructura deseada. Es necesario plantearse claramente un objetivo de desarrollo y no perderlo de vista, pues de ello depende también la forma de organización de las ideas. Es conveniente en esta fase elegir un título que esté de acuerdo con el tema que se va a desarrollar. Además de que todos los ensayos deben ser titulados, esto permitiría no apartarse de la idea principal.
2. ESCRIBIR DESPUÉS DE PENSAR.
Una vez que se sabe qué escribir, debe ponerse en práctica un sistema que permita transformar las ideas en un buen texto. Así, las principales características de un buen ensayo son las siguientes:
· Breve: que no le falte ni le sobre nada. No es tan fácil ser breve. Un ensayo no va más allá de 4 ó 5 hojas tamaño carta, a máquina o en computadora, a doble espacio, por un solo lado.
· Unitario: debe versar sobre un solo tema, sin abordar otros. Es como un solo capítulo, todo seguido.
· Objetivo: debe emplearse un lenguaje impersonal, objetivo, científico, técnico. No utilizar el lenguaje coloquial, ni el literario ni el periodístico.
· Personal: debe ser el resultado de todo un proceso personal, además de incursionar en las propuestas individuales acerca de determinado tema. El plagio al escribir siempre es despreciado académicamente, y la comunidad científica generalmente no es tan grande como para no percibir las copias y la falta de originalidad.
¿Cómo organizar un buen texto? La estructura de un ensayo, por su parte, tiene una parte interna, consistente en lo que debe contener un ensayo, y otra externa, o sea la forma que debe representar el trabajo. En cuanto a la Estructura interna, en el desarrollo del tema debe emplearse un 60% de síntesis, o sea, las ideas de los autores pero expresadas con las palabras de uno mismo; un 20% de resumen, o sea, textos o frases de los autores, copiados al pie de la letra, entrecomillados y con la referencia bibliográfica al pie de página; y un 20% de comentario, o sea, las aportaciones, las propuestas, las reflexiones, las críticas personales.
La Estructura externa la estructuraremos de la siguiente forma:
a) Hoja de entrada: es la hoja de presentación del ensayo y en la que deben ir los siguientes rubros: Institución, asignatura, título o tema del ensayo, autor, lugar y fecha. Todo distribuido en toda la hoja con letras mayúsculas. Cuando se publique el ensayo no lleva esta página. Iniciaría, entonces, con el título y el nombre del autor.
b) La Introducción: es el 10% del ensayo y abarca más o menos media hoja. Está compuesta de tres partes, un párrafo para cada una de ellas. La justificación de por qué se escogió el tema del ensayo y por qué se elaboró el mismo. El contenido del ensayo, o sea, de qué trata. Y finalmente las limitaciones que se tuvieron para realizarlo.
c) El desarrollo: constituye el 80% del ensayo; abarca más o menos de 4 a 5 páginas. En él va todo el tema desarrollado, utilizando la estructura interna: 60% de síntesis, 20% de resumen y 20% de comentario.
d) Las conclusiones: contemplan el otro 10% del ensayo, alrededor de media página. En ellas se expresa la relevancia del tema, la importancia, la manera de llevar a cabo las recomendaciones o aportaciones.
e) Se añade a la estructura externa la bibliografía, las fuentes en las que se fundamentó el ensayo, en orden alfabético, iniciando por el apellido del autor, con mayúsculas, el nombre con minúsculas, el título subrayado, la editorial y la fecha de impresión.
f) Todas las partes de la estructura externa van seguidas como si se tratase de un solo capítulo o de un solo artículo. No es necesario que lleve el nombre de cada parte: introducción, desarrollo y conclusiones. Se entiende que el contenido determina la separación de cada parte.
g) Tras escribir el texto parece prudente que éste sea leído de nuevo -o pedir que alguien lo lea- con cuidado para revisar sintaxis, vocabulario y ortografía. Si se repite mucho una palabra o construcción, debe sustituirse con otra equivalente; cuando sea necesario, hay que volver a redactar la o las partes con más errores. Siempre es conveniente asegurarse de emplear nexos y frases de enlace debidos en cada párrafo, y que la puntuación ayude a seguir el orden de las ideas.
3. RESUMEN ESQUEMÁTICO.
La Universidad de Valencia[1] recomienda a sus alumnos el siguiente esquema de cómo escribir un ensayo, que incluimos como uno de los tantos métodos de desarrollo de ensayos:
Los preliminares
1. Elige un tema
2. Comienza a leer el material preliminar
3. Restringe el tema
4. Desarrolla una frase clave preliminar
Recopilar información
1. Compila la bibliografía a usar
2. Prepara las tarjetas bibliográficas de forma correcta (tarjetas de 3" x 5")
3. Comienza trabajo en profundidad en la librería; asegúrate de:
a. bibliografías generales
b. bibliografías compartidas
c. índices (libros y recopilaciones, literatura en periódicos, índices de diarios, índices de panfletos)
d. catalogo electrónico de la librería
Tomar notas
1. Desarrollar guión preliminar
2. Evaluar tus fuentes; ¿que material es primario o secundario?
3. Empieza a anotar en tarjetas de (4" x 6")
4. Evita el plagio
Escribir el ensayo
1. Desarrollar el guión final; compruébalo
2. Prepárate a escribir:
a. pon tus tarjetas de notas en el mismo orden que tu guión
b. considera a tus lectores (reales e imaginarios) y como sus anhelos pueden afectar tu tono y estilo
3. Escribe el borrador
4. Comprueba tu documentación con cuidado
5. Revisa y vuelve a escribirlo
6. Comprueba el formato del texto, citas, notas y bibliografía
7. Revisa una vez más lo escrito.
[1] La mayor parte de este método está sacado del estudio de James D. LESTER en Writing Research Papers: A Complete Guide, 2nd ed. (1971; rpt. Glenview, Illinois: Scott, Foresman, 1976).
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